jueves, 23 de marzo de 2017

Hoy haré del mundo un lugar mejor - Laurent Gounelle



Hoy haré del mundo un lugar mejor
Laurent Gounelle
traducción de Juan Camargo
Editorial Planeta

(Buenos Aires)
Hoy haré del mundo un lugar mejor es una novela donde Jonhathan, el personaje
principal, un divorciado que tiene una compañía de seguros junto con su ex mujer
y un socio, se encuentra con una gitana que le predice la muerte.
A partir de este acontecimiento Jonhatan decide ir a ver a la tía Margie y en la casa de
ésta pasa unos días. La tía Margie es una bióloga con mucha experiencia de
vida y ante las inquietudes que Jonhatan le expone, le va dando respuestas
relacionadas con la ciencia y la filosofía. Además Margie le sugiere a Jonhatan
que se guíe más por lo que le dice su corazón y no tanto la cabeza, como indicaba
la famosa frase de Pascal:"El corazón tiene razones que la razón no comprende".
Jonhatan decide dar un nuevo enfoque a su vida y a su trabajo, haciendo buenas acciones
tanto a conocidos como a desconocidos y prestándole menos atención al mal funcionamiento
de muchas cosas en el mundo.
Otro de los personajes es Michael, socio de Johnathan, que conspira para quedarse con la empresa de seguros, alguien intrigante no sólo en los negocios sino en la vida personal de su socio.
La historia de Jonhatan se intercala con la de Ryan, un blogero que graba a desconocidos
a la distancia, a través de una cámara oculta y luego publica los videos en el blog.
Además de ser eso una fuente de diversión para Ryan, también obtiene algún dinero con las
publicaciones. Jonhatan es también un personaje que aparece en los videos de Ryan.
El personaje de Ryan, usa las nuevas tecnologías para invadir la intimidad de las
personas, aporta tanto actualidad como suspenso a la novela.
Otro tema que se intercala es el del mundo del tenis y los grandes tenistas profesionales,
un mundo muy programado y que de pronto, puede alterarse por el descubrimiento de la traición
de un entrenador.
Las intrigas de Michael se descubren, Jonhatan vuelve a reunirse con Angela y su
pequeña hija Chloé.
Ryan sigue grabando escenas con la cámara.
Si bien la novela puede considerarse una historia que se resuelve a partir de la
aparición de Jonhatan en uno de los videos de Ryan publicados en el blog,
y es descubierto casualmente por Angela, no es tranquilizador que las nuevas
tecnologías puedan invadir de ese modo la intimidad de las personas.

Laurent Gounelle es un especialista en desarrollo personal, autor de los libros El hombre que quería ser feliz, No me iré sin decirte adónde voy y Te llevaré a un lugar donde todo es posible.
Ha recorrido el planeta para conversar con los mejores especialistas en todo lo que
atañe a la psicología y a las distintas formas para mejorar nuestra vida.

viernes, 17 de marzo de 2017

Julio Popper -Oro y rarezas - Arnoldo Canclini



Julio Popper
Oro y rarezas
Arnoldo Canclini
Ediciones Continente
edición bilingüe español e inglés
(Buenos Aires)

Julio Popper - Oro y rarezas es la historia del ingeniero rumano de ese
nombre que llegó a la Argentina y radicándose en Tierra del Fuego se
dedicó a buscar oro, acuñó moneda e imprimió estampillas entre otras
excentricidades. Aceptado por los círculos más exclusivos de Buenos
Aires, había viajado antes por lugares tan recónditos como Siberia,
Nueva Orleans, La Habana, México y Brasil, donde trabajó haciendo
planos.
También estuvo en Estambul, Egipto, la India, China y Japón, aunque
no se sabe cuáles fueron los motivos de estos viajes.
El historiador Arnoldo Canclini traza en este libro una biografía
sintética del singular personaje, con fotografías e ilustraciones.
Julio Popper (Bucarest, 1857 - Buenos Aires, 1893), hijo de un
intelectual judío que entre otras empresas había fundado un
diario bilingüe, dominaba varios idiomas y según Canclini,
su atractiva figura y su habilidad para tratar con toda clase de
gente, lo ayudaron a relacionarse con personalidades como
Lucio V. López, nieto del autor del himno nacional argentino,
y escritor reconocido, Bernardo de Yrigoyen, gran estadista,
que fue casi presidente, y políticos como Joaquín M. Cullen,
Manuel Láinez y Alfonso Ayerza, ayudado tal vez por ser miembro
de la masonería.
El 22 de agosto de 1886 Popper pidió autorización "para explorar
desde el punto de vista científico" la entonces desconocida  y
región, acompañado por un ingeniero en minas y "quince particulares
armados en previsión de ataques de indios hostiles". Fue autorizado
incluyendo el permiso para llevar gente armada aunque estaba
prohibido por la Constitución.
Popper se lanzó a la aventura de buscar oro y extraerlo, formando
una compañía con todas las de la ley. Se había ganado la confianza
de muchos en Buenos Aires.
También embarcó en sus aventuras a su hermano Máximo.
La personalidad beligerante Popper despertaba tanto simpatías como
antipatías.
Su amigo Manuel Láinez, director de El Diario, publicaba notas
laudatorias que eran muy útiles: "...con el seudónimo de Cincinatus, y lo
más probable es que fueran de su propia autoría. Informaba que su plan
era establecer una pequeña colonia "que será seguramente el plantel de
muchas otras, formando un principio de desarrollo industrial en esos lejanos
parajes...".
Algunas ideas de Popper no cayeron bien, ya que primero presentó un
"proyecto de poblamiento para establecer una colonia indígena, ya que se
había convertido en su defensor. Según el plan, se establecerían doscientas
cincuenta familias a las que se daría tierras, se les enseñaría a trabajarlas y
se trataría de convertirlos al catolicismo. La superficie afectada era de ochenta
mil hectáreas y cada familia recibiría cien...".
"Aquel plan gigantesco quedó como poca cosa cuando se hizo otro que abarcaba
375.000 hectáreas para radicar cien familias europeas; incluía el proyecto de un muelle,
un faro y cien kilómetros de camino".
El gobernador Mario Cornero reaccionó ante el plan, diciendo que "lo solicitado
era la mejor tierra de la región, la tercera parte del territorio, lo que "lejos de ser
ventajoso para el país, produciría serios inconvenientes".
Por sus excentricidades tales como la de emitir estampillas, fue denunciado por
las autoridades locales ante Estanislao Zeballos, quien aunque era amigo de
Popper, pasó la acusación al procurador general.
También, Popper tuvo ideas como la de unir la Provincia de Santa Cruz con Tierra
del Fuego - en esa época no era provincia todavía -, que fracasó cuando se intentó
hacerlo medio siglo después. Canclini dice al respecto: "es difícil pensar que
sus motivos eran totalmente patrióticos".
Julio Popper "publicó un mapa que ha dado mucho que hablar, pues atribuye
a la Argentina dos de las tres islas al sur de los canales que fueron objeto de
un largo pleito con Chile, país donde se le atribuye ser el primero en tener tal
idea, lo que es muy discutible. En 1893 publicó un folleto con la idea de crear
"un puesto marítimo en la costa atlántica de Tierra del Fuego" que llegaría a ser
un pueblo que se llamaría Atlanta...", dice Canclini.
El libro relata varios pleitos que mantuvo Popper tanto con su gente en el Sur
como con científicos franceses como Henri Rousson y Polidoro Willems. El
historiador los atribuye a su espíritu beligerante.
Julio Popper fue encontrado muerto "el 6 de junio de 1893, en su habitación de
la calle Tucumán 373, en una casa que ya no existe, justo frente a donde diez
años antes falleció Luis Piedra Buena. El diagnóstico fue que se trató de un mal
cardíaco, sin que haya razones para pensar en una muerte no natural.
Fue enterrado con una gran ceremonia y su cuerpo fue depositado en la bóveda
de la familia Ayerza...".
Popper tenía 36 años cuando murió, había estado en la Argentina seis años y sólo
dos en Tierra del Fuego, donde su figura se ha transformado en un mito.
El historiador Canclini concluye que "no se le pueden excusar sus excesos, pero bien
se puede reconocer que su acción terminó siendo positiva para afirmar la presencia
argentina en la zona norte de la isla. Fue así el máximo paradigma de la época en el
olvidado territorio".
Libros como este ayudan a entender la historia de la Argentina y de una de las
provincias más australes del país.
Arnoldo Canclini (La Plata, 1926- Buenos Aires, 2014)  gran conocedor de la historia austral. De sus más de cien títulos publicados, treinta se refieren a Tierra del Fuego, siendo también una autoridad
sobre las Malvinas, a las que ha dedicado dos obras fundamentales. Fue miembro correspondiente por Tierra del Fuego de la Academia Nacional de la Historia, y entre sus muchos títulos, se puede mencionar el de "mayor notable", otorgado por la Cámara de Diputados de la Nación.

sábado, 11 de marzo de 2017

Una historia de la lectura - Alberto Manguel



Una historia de la lectura
Alberto Manguel
traducción de Eduardo Hojman
Siglo Veintiuno Editores

(Buenos Aires)
El escritor Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) confiesa en este libro tener en 
común con lectores famosos como Aristóteles, Virgilio, santo Domingo, Fra
Angélico, Paolo y Francesca, Valentina Balbiani, san Jerónimo, 
Erasmo de Rotterdam, María Magdalena, Charles Dickens, Jorge Luis Borges 
 - en posturas de lectores como indican las ilustraciones que 
acompañan el texto - sus gestos y su arte, así como el placer, la responsabilidad y 
el poder que encuentran en la lectura. Una de las ilustraciones corresponde al 
Niño Jesús en el templo, por discípulos de Martin Schongauer, con la mano en la 
página derecha del libro que tiene abierto sobre las piernas, explicando a los 
doctores del templo mientras ellos, asombrados pero escépticos, pasan las páginas
de sus respectivos volúmenes en busca de una refutación. También una ilustración
de un autor anónimo de dos estudiantes islámicos. 
Manguel fue un lector precoz, ya que afirma que a los cuatro años descubrió que
podía leer, primero letras en un libro y después empezó a leer todo: libros, pero 
también carteles, anuncios, la escritura pequeña en el dorso de los boletos de los
tranvías, las cartas tiradas a la basura, los periódicos arruinados que encontraba
debajo de los bancos del parque, las pintadas, las contracubiertas de las revistas
que otros viajeros leían en el autobús. Así comprende a Cervantes, que leía hasta
los papeles rotos de las calles y para eso hasta  rebuscaba en la basura. Y también el 
culto al libro (ya sea en pergamino, en papel o en la pantalla) como uno de los 
dogmas de una sociedad que lee y escribe. 
En el caso de Kafka, Manguel dice: "...Kafka elaboró una manera de leer que le
permitía no sólo descifrar palabras sino, al mismo tiempo, dudar de su habilidad
para descifrarlas, insistiendo en entender el libro, pero sin confundir las circunstancias,
como si al mismo tiempo estuviera respondiendo al profesor de lenguas clásicas que
se burlaba de su falta de experiencia y a sus antepasados rabínicos para quienes un texto
debe tentar continuamente al lector con la posibilidad de nuevas revelaciones...".
Kafka no creía que se pudiera adquirir experiencia de manera indirecta:"...Un libro
no puede ocupar el sitio del mundo. Eso es imposible. En la vida, todo tiene su 
propio significado y su propia finalidad, para lo que no puede haber ningún 
sustituto permanente. Un hombre, por ejemplo, no puede adquirir experiencia
de manera indirecta, y ésa es la relación de los libros con el mundo. Uno trata
de aprisionar la vida en un libro, como a un pájaro en una jaula, pero no sirve 
de nada...".
Alberto Manguel relata el viaje que hizo en 1989 a Irak, dos años antes de la
Guerra del Golfo, para ver las ruinas de Babilonia y la torre de Babel. Encontró
"muchas ciudades sucesivas en el tiempo pero simultáneas en el espacio" - la
Babilonia de la era acadia, una pequeña población del 2350 a. C.; la Babilonia
donde un día del segundo milenio a.C. se recitó por primera vez la epopeya 
de Gilgamesh, que incluye uno de los relatos más antiguos del Diluvio
universal; la Babilonia del rey Hammurabi, del siglo XVIII a. C., cuyo
sistema legal fue uno de los primeros intentos de codificar la vida de toda
una sociedad; la Babilonia destruída por los asirios en el 698 a. C; la
Babilonia reconstruida por Nabucodonosor, quien cerca del 586 a.C. puso
sitio a Jerusalén, saqueó el templo de Salomón y llevó a los judíos al
cautiverio, quienes luego se sentaron junto a los ríos y lloraron; la 
Babilonia del hijo o nieto de Nabucodonosor, el rey Baltasar, el primer
hombre que vio, escdrita en la pared, la temible caligrafía del dedo
de Dios; la Babilonia que Alejandro Magno se propuso convertir en la
capital de un imperio; Babilonia la Grande evocada por san Juan, Madre
de Rameras y abominación de la Tierra, que hizo beber a todas las naciones
el vino  de la ira de su fornicación. Y por último la Babilonia del taxista
que conducía al escritor, un lugar cercano al pueblo de Hillah. 
Aquí - dice Manguel - (o al menos no muy lejos de aquí), según sostienen
los arqueólogos, empezó la prehistoria de los libros. 
En ese capítulo donde detalla esta experiencia del viaje, el autor define
la paradoja de la relación entre escritor y lector: "... al crear el papel de
lector, el escritor también decreta su propia muerte, ya que para que 
un texto esté terminado el escritor debe retirarse, dejar de existir. Sólo
cuando el escritor abandona el texto, éste cobra existencia. En ese 
momento, la existencia del texto es silenciosa hasta que el lector lo lee.
Sólo cuando ojos capacitados entran en contacto con los signos de la
tablilla comienza la vida activa del texto. Toda escritura depende de 
la generosidad del lector...". 
El inventor de las primeras tablillas, en una misteriosa tarde mesopotámica,
probablemente logró realizar algo en apariencia imposible:  al transmitir un 
número, una noticia, un pensamiento, una  orden sin la presencia del mensajero, 
se registraba y se transmitía a través del espacio y más allá del tiempo. 
Una historia de la lectura es un libro ameno, con muchas ilustraciones y evidencia
un gran trabajo de investigación y amor por la lectura. 
Peter Ackroyd dijo: "Manguel fue un lector precoz e infatigable. "La verdad - escribe -
es que no puedo recordar un tiempo en que no viviera rodeado de mi biblioteca. 
Cuando tenía 7 u 8 años, mi cuarto parecía una Alejandría en miniatura".
Hay quienes aman al conocimiento, y hay quienes aman la lectura. Manguel está 
entre los últimos. No se trata, en su caso, de ignorancia,
sino de un saber que tiene la impronta alusiva y elusiva que comúnmnete se asocia con
la lectura. No traza teorías generales ni afirmaciones definitivas. Su método se nutre de
la asociación y el hallazgo casual. Él mismo es un "erudito casual" en la tradición de Robert
Burton o de Thomas Browne; un cazador de tesoros recónditos.  

Alberto Manguel nació en Buenos Aires en 1948 y vivió parte de su infancia en Tel Aviv, 
ya que su padre era el embajador argentino en Israel. La familia regresó a la Argentina cuando
él tenía 7 años. A partir de 1968, vivió en Francia, Inglaterra, Italia y Tahití, desempeñándose
como editor, traductor y escritor.
En 1980 escribió, junto con Gianni Guadalupi, Guía de lugares imaginarios. Le siguieron Diario de
lecturas, El regreso, La ciudad de las palabras: mentiras políticas, verdades literarias, Todos los hombres son mentirosos, Una historia de la lectura, La biblioteca de noche, Conversaciones con un amigo y Una historia natural de la curiosidad, entre otras obras.
Ha colaborado en diversos medios y publicaciones, y ha recibido numerosos reconocimientos a su 
obra y su trayectoria. Volvió a la Argentina en 2016, al ser designado director de la Biblioteca Nacional.