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martes, 31 de mayo de 2011

El espantoso monstruo del pantano - Anabella López


El espantoso monstruo del pantano


Liliana Cinetto

ilustraciones: Anabella López

Editorial Ríos de tinta



(Buenos Aires)



El espantoso monstruo del pantano es un libro destinado a niños a partir de los 7 años de edad.

Con preciosas ilustraciones de Anabella López, Liliana Cinetto cuenta la historia de Wulfrano, que no

encuentra solución a su vida solitaria, pero Randulfino, un mago que vive en el reino es perseverante.



Así comienza esta historia:

"El mago Randulfino estaba en pijama y pantuflas, a punto de tomar la sopa de dedalitos, cuando le llegó
la terrible noticia. Por paloma mensajera le llegó. Una paloma que apareció empapada hasta las patas porque  se le había largo a llover a mitad de camino..."

¿Cómo conseguir un novio que la ame de verdad en un reino alejado de todo, siendo, además, una princesa muy exigente? Esta es la preocupación de Adelinda y de su padre, el rey Heriberto. ¿Besar sapos? ¿Dormir cien años a la espera de un príncipe? Todo lo prueba Adelinda, hasta que, cierto día, desaparece misteriosamente…

¿Cómo compartir los sueños con alguien si se es un monstruo extremadamente feo y sucio, que vive oculto en un pantano?

sábado, 24 de abril de 2010

Fuera gato malvado - Jun- Jeong Choi





Fuera gato malvado
Yun- Jeong Choi
Ilustrado por Heon-Kyung Smi
Editorial Una Luna

(Buenos Aires)

Fuera gato malvado de Yun- Jeon Choi e ilustraciones de Heon-Kyung Smi es un libro que puede ilustrar a grandes y chicos que las matemáticas también pueden ser entretenidas.
En el rincón de un granero, vivían quince ratones. Un manto de nieve se extendía detrás de la ventana, pero dentro del cobertizo todo era tibio y placentero; cada uno comía lo que le venía en gana.
Pero un día, los ratones volvieron de un paseo y hallaron en el granero un gran revoltijo. Y una amenazadora nota del gato de la dueña del granero. Ahora los ratones tenían un gran problema: ¿cómo librarse de la amenaza del gato?
Los gráficos en esta historia ofrecen al niño una oportunidad para repasar esta área del currículo de matemáticas. No sólo aprenderá a relacionar los datos recopilados con el objeto, sino que comenzará a entender cuestiones de predicción y comprensión de hechos, a través de la organización de datos estadísticos y de la probabilidad.
Para lectores a partir de los 5 años.

(c) Archivos del Sur  

El sueño de la reina anchoa - Jin Joo Chun



El sueño de la reina anchoa
Texto: Jin Joo Chun
Ilustraciones: Yang Hye-won
Editorial Una Luna

(Buenos Aires)

El sueño de la reina anchoa es un cuento donde el personaje es una anchoa, que además es reina. La fábula está inspirada en un cuento tradicional coreano.
Un día la reina anchoa tiene un sueño y cuando despierta tiene una gran curiosidad por saber qué significa el sueño. El pez gobio es llevado por el pez plano para encontrar a la reina anchoa.
El pez plano realiza un gran esfuerzo por acompañar al pez gobio, pero en el encuentro con la reina anchoa es desairado dado que el pez plano tiene la mente cerrada y muy mal genio.
La historia que narra este libro tiene moraleja:  el pez plano  no es tolerante y comete un error al haberse enojado así, no puede dominar su mal carácter.

Las bellísimas ilustraciones acompañan al lector. Es un libro recomendado a partir de los 5 años.

© Archivos del Sur

Un camaleón - Jong Mi Lee



Un camaleón
Jong Mi Lee
Editorial Una Luna

(Buenos Aires)

Un camaleón es la historia de justamente un camaleón que emprende un viaje por el mundo.
El camaleón va mutando de colores según el lugar donde esté: puede ser la Antártica, el desierto, la montaña y el mar.
Un lindísimo libro para descubrir y reconocer los colores con preciosas ilustraciones del mismo autor del texto: Jong Mi Lee.

Un libro recomendado para niños a partir de 2 años.

(c) Archivos del Sur


El abuelo ya no duerme en el armario - Silvia Molina



El abuelo ya no duerme en el armario
Silvia Molina
Ilustrado por Silvana Ávila
Fondo de Cultura Económica

(Buenos Aires)

El abuelo ya no duerme en el armario cuenta la relación de un nieto y su abuelo. Pero no es cualquier abuelo sino uno muy especial: come chocolates a escondidas, saca de la escuela al nieto para llevarlo al zoológico y además cuenta cuentos.
Y cuando el abuelo no está el nieto lo recuerda como un gran abuelo.

Fragmento:

    
“ -¿A qué vamos al doctor? – pregunté en la calle.
-          Qué doctor ni qué doctor ni qué nada, capitán – contestó -. Te voy a dar una clase de zoología al aire libre.

      Alquiló dos bicicletas en el parque y allá fuimos: de visita al zoológico en bicicleta. Él por delante y yo atrás, siguiéndolo…”.

El abuelo ya no duerme en el armario es un libro recomendado para quienes recién empiezan a leer.

(c) Archivos del Sur 

lunes, 19 de abril de 2010

Las travesuras de Naricita - Monteiro Lobato





Las travesuras de Naricita
Monteiro Lobato
Prólogo de Cristina Fernández de Kirchner
Traducción de Ramón Prieto
Ilustraciones de Paulo Borges
Editorial Losada


(Buenos Aires)


La editorial Losada lanzó el libro del escritor brasileño Monteiro Lobato Las aventuras de Naricita con prólogo de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien en él declara su fervor de lectora de los libros de este autor durante su niñez.
La edición del libro forma parte del Programa de Apoyo a la Traducción de Obras de la Literatura Brasilera, patrocinado por la Embajada de Brasil en Buenos Aires.
José Benito Monteiro Lobato (1882-1948), fue escritor, periodista, editor, traductor, empresario del hierro y del petróleo. Estudió Derecho, pero más tarde abandonó la profesión para dedicarse a la literatura. Fundó la industria editorial en su país, y se convirtió, con las historias de La quinta del benteveo amarillo, en uno de los mayores autores de literatura infantil y juvenil del Brasil.
El libro incluye: Naricita respingada, La quinta del Benteveo, El marqués de Rabicó, El Matrimonio de Naricita, Las aventuras del Príncipe, El Gato Félix. Todo comienza con una inesperada visita de la nieta de Doña Benita al Reino de las Aguas Claras, y con la llegada de su primo, Perucho, a la quinta del Benteveo amarillo para pasar unas nuevas vacaciones.
Se transcribe ahora el Prólogo de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner:


“Mamá o mi abuelo acostumbraban atender a cuanto vendedor de libros tocaba el timbre de nuestra casa. Eran épocas de ventas en cuotas interminables. Diccionarios en tres tomos, gigantescos y pesados, que apenas con mis seis o siete años alcanzaba a bajar de los estantes para leer, colecciones enteras de todo tipo de enciclopedias, revistas y fascículos de la Biblia, y otros relatos que luego mamá mandaba a encuadernar. La lista sería infinita, como grande la biblioteca que se fue formando en esos años de infancia. Sin embargo, mi memoria registra con absoluta nitidez la llegada a casa de la colección completa de lo que recuerdo como Las travesuras de Naricita y Perucho, de Monteiro Lobato. Su formato de tapas duras, coloradas, con las líneas de los rostros de Naricita y Perucho, en dorado, constituyen un registro visual imborrable.
Más que leerlos, literalmente devoré esos textos que iban de las fantasías más alocadas a la enseñanza de historia, geografía, geología y todo tipo de conocimiento. Emilia, la muñeca de trapo, terca y caprichosa, intrigante y rezongona, pero querible como pocas, convivía con el Vizconde – un marlo de maíz con galera e impertinentes – siempre atinado, serio y responsable. Naricita y Perucho, dos niños fantasiosos, aventureros, inquietos y siempre deseosos de saber más, podrían haber sido uno de nosotros. Doña Benita, la abuela, era una “abuelísima” de gafas y pelo blanco que con la ayuda de la negra Anastasia – la “tía” inefable creadora de Emilia, la muñeca – hacían de la quinta del “Benteveo amarillo”, un lugar en el que todos hubiéramos querido vivir.
Pasada mi niñez pensé que todos esos personajes pasarían a formar parte de los lejanos recuerdos de una infancia feliz de muñecas y libros, de juegos y conocimientos. Sin embargo, la vida, el destino personal o el del país, o ambos en intensa combinación, hicieron que volviera a encontrarlos en dos oportunidades más.
Una fue durante el año 1976. Había transcurrido largo tiempo desde mis lecturas infantiles. En nuestra biblioteca familiar, bajo mi impronta, y luego la de mi hermana Gisele, se habían incorporado otros textos. Junto a Monteiro Lobato, estaban Hernández Arregui, Rodolfo Puigrós, Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Marechal, Cooke, Franz Fanon, Walsh, Perón, Galeano, Benedetti, Darcy Ribeiro, Paulo Freire, Sastre, Camus, y tantos otros. Las fantasías habían dado paso a las utopías, las aventuras a la militancia, el conocimiento puro y casi aséptico a otros conocimientos: el del entramado cultural que, al amparo de dictaduras militares recurrentes, sumía en la desinformación y la expoliación a nuestro país y a nuestra Latinoamérica.
Una tarde de febrero de 1976, irrespirable, no sólo por el calor, sino por lo que sucedía – que presagiaba tragedias mayores - , llegué a casa de mamá. Ya no vivía allí, el año anterior me había casado con un compañero de la facultad. La encontré a mi hermana forrando las tapas de los libros cuya sola tenencia, en caso de allanamientos – muy frecuentes en aquellos días – eran el pasaporte directo a la cárcel, en el mejor de los casos. Gisele al mismo tiempo cortaba las primeras páginas de los libros de Naricita y Perucho y los pegaba en los libros de Puiggrós, de Fanon, Walsh o Cooke. “Qué estás haciendo loca?”, le pregunté – siempre amable y diplomática-. Me miró y me dijo: “¿yo, loca?”, loca está mamá que nos quiere quemar todos los libros; te aviso que ya te tiró al pozo ciego todos los “desca” y las “militancia” – El Descamisado y Militancia eran dos semanarios obligados de aquella época -, y siguió forrando tapas “peligrosas” y pegando páginas de los libros de Monteiro Lobato, mientras yo la miraba absorta, sin saber si reír o llorar. No hice ninguna de las dos cosas, me fui a mi casa de City Bell, en las afueras de La Plata, donde vivía con Néstor Kirchner, quien había dejado de ser mi compañero de facultad, para transformarse en mi compañero de vida.
Nunca allanaron la casa de mamá; nunca volví a preguntarle a mi hermana si Naricita y Perucho seguían mezclados con aquellos libros de mi juventud. La mente humana se las arregla para esconder, en algún pliegue lo que no queremos recordar.
Pasaron los años y la dictadura. Néstor fue elegido intendente de su ciudad natal en 1987, y yo, diputada provincial de Santa Cruz en 1989. En 1991 él fue gobernador de la provincia, cargo por el que fue reelegido en los años 1995 y 1999. En el año 2003, fue electo presidente de todos los argentinos. Treinta años exactos después de aquellas lecturas, de aquellos fuegos. Comenzó su presidencia en un país al borde de la disolución económica y social después del default, sin olvidar Malvinas y una generación desaparecida, que había abrevado en aquellos textos queriendo escribir una historia distinta. Desde 1995, fui elegida, en distintas oportunidades, como diputada y senadora nacional, cargo, este último, que ocupaba cuando Néstor asumió como presidente.
Durante el año 2008, tuvo lugar mi tercer encuentro con Naricita y Perucho. Esta vez fue – cosas de la vida – en el Brasil. El Brasil de Monteiro Lobato. Ya no era una niña que leía incansablemente; tampoco era la joven militante peronista del cigarrillo permanente en la mano, que leía y discutía todo el tiempo. Tenía 55 años y era la presidenta de la República Argentina, en visita oficial a la hermana República Federativa del Brasil. Compartía la mesa con Luis Ignacio Lula da Silva, su presidente, y Celso Amorim, su canciller, entre otros. De repente, en la conversación volvieron a aparecer Naricita y Perucho – nunca voy a recordar el motivo - . Celso hace referencia a Monteiro Lobato y entonces le conté acerca de mis lecturas infantiles. No lo podía creer. Eran también sus preferidas. Allí surgió la idea de patrocinar por parte del gobierno del Brasil una nueva edición de las aventuras de Naricita y Perucho, esta vez prologada por mí.
Y aquí estamos. No sé si éste será mi último encuentro con estos niños entrañables; si los hijos de mis hijos leerán libros, o serán definitivamente atrapados por Internet. No lo sé. Espero que no, por ellos: se perderían el placer indescriptible de abrir un libro y no saber qué van a encontrar, a imaginar, a fantasear. Se perderían las sensaciones que provoca atravesar esta vida, construyendo utopías y abriendo caminos, que parecían definitivamente cerrados para nuestro país y nuestro continente. Por eso, espero nuevos encuentros. Por ellos y por nosotros. En definitiva, por todos.


A Naricita y Perucho, a Emilia y el Vizconde; a Anastasia y doña Benita y a todos lo que contribuyeron a alimentar mis sueños y forjar mis Utopías.


Cristina Fernández de Kirchner




Olivos, 20 de febrero de 2010”


Fragmento:


“Un día, después de dar de comer a los peces, Lucía sintió que le pesaban los ojos de sueño. Se recostó en la hierba con la muñeca al lado, mirando correr las nubes que pasaban por el cielo y que iban formando unas veces castillos, otras veces camellos. E iba a dormirse ya, arrullada por el murmullo de las aguas, cuando sintió cosquilleos en el rostro.
Abrió los ojos: un pececito, vestido como una persona, estaba en la punta de su nariz.
¡Sí, señor, vestido de persona! Llevaba una levita roja, galera en la cabeza y un paraguas en la mano. ¡Como un galán! El pececito miraba la nariz de Naricita arrugando la frente, como quien no consigue comprender nada de lo que ve.
La niña contuvo el aliento por temor de asustarlo, y permaneció así hasta que sintió cosquillas en la frente. Miró con el rabillo de un ojo. Vio que un escarabajo se había posado allí. Pero un escarabajo vestido como la gente, con un levitón negro, anteojos y bastón…”.


(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

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