sábado, 15 de febrero de 2020

La resolana. Cuentos Reunidos de Susana Szwarc


La resolana
Cuentos reunidos
Susana Szwarc
Prólogo de Ana María Shua
Editorial Contexto


(Buenos Aires)
 En el libro La Resolana hay cuentos reunidos de Susana Szwarc, seleccionados de tres libros: “El Artista del Sueño y otros cuentos” (1981), El azar cruje” (2006), “Una felicidad liviana” (2007), un texto publicado en la Revista Tokonoma, textos inéditos y Microrrelatos. Fue publicado por Editorial Contexto, de Resistencia (Chaco), en la Colección “Los Imprescindibles” en la que convergen los más destacados autores regionales.
Tiene un prólogo de la admirada Ana María Shua que hace un análisis fantástico de la obra.
Subrayo lo que dice Ana María Shua sobre el orden poético y polisémico de la escritura de Susana Szwarc. Yo diría un orden no lineal, por ser poético es un orden no lineal, analógico, donde lo real pierde su cauce y se fragmenta. Y el agua, que está presente todo el tiempo, “es como el compuesto de un mundo que arrasa. Ya derramado el cauce no hay lugar para la lógica convencional.” Dice Ana María Shua -y es así- que los personajes son “desterrados del mundo que corren tras un lugar en la realidad”. 
Haciendo honor a la verdad debo decir sin temor a equivocarme que es el libro de cuentos, de relatos, más maravilloso que leí en mi vida.
Sentí que hay mucho silencio en el libro. Un silencio que suena más fuerte que las palabras, el silencio de lo que pareciera indecible. Es un silencio que se dice con inocencia, con crudeza, con belleza. Las cosas se impregnan de emociones, de sentido, de historia.
Y no hacen falta ampliaciones declarativas.
Hay una cita de Nicolás Rosa al inicio del libro: “¿Qué cosa es escribible?” -se pregunta.  “Esta pregunta, al deshumanizarnos nos enfrenta al desierto de la historia”. Cuando el encargo social es el que decide qué es lo escribible y lo que no.
En “El artista del sueño”, el cuento con el que se inicia el libro, el artista del sueño que había sido depositario de sueños inconclusos pretendía alguna vez descubrir el final de la historia. Quería seguir soñando, pero colocaron diques a esos sueños, les pusieron precio e hicieron demasiado ruido.
“Las autoridades, viendo el fervor que producía ese extraño sujeto decidieron protegerlo y alimentarlo, y aumentar así la industria turística” (…) “Ahora sólo los pájaros cantan”.
 “Palomas espantadas” pareciera una obra teatral dentro de un cuento. Una mujer aplaude -imitando a una paloma- al espectáculo “La muerte de la paloma”.
 Ambos cuentos terminan en el silencio.
También está presente el silencio en “Incertidumbre”, y siento que en los cuentos hay desdoblamientos, las fronteras son borrosas como el título del libro, entre el yo y el otro o lo otro, entre el adentro y el afuera, dos mujeres que se miran a los ojos, mujer y pájaro. El relato puede terminar de modo imprevisible, feroz, libre, como en el juego, ese espacio transicional entre el yo y lo otro donde todo es posible, lo decía Winnicott en “Realidad y Juego”.
Dice en “Incertidumbre”:
“Hace horas y horas y días que espero, ¿soy yo la perdida o se han perdido aquellos a los que espero?”, “Me asusta demasiado el vuelo del pájaro, creo que el pájaro también tiene miedo porque se enreda sobre mi cabeza”, “Debería encender el fuego, sin embargo, sigo aquí sentada sobre el polvo”.
En “Contemplación” el afuera pareciera absorber el adentro hasta tener un valor ontológico propio. Dice: “el único sentido de mi existencia se convirtió en ese contemplar las fotografías inmensas”.
En “Una pequeña mujer y un pequeño Juez” se lee:
“Sr. Juez, hace tantos días y noches que camino sin detenerme huyendo de un crimen, pero ya no tengo fuerzas para resistir. (…) Quiero que me encierre en alguna celda vacía porque soy yo la que quiere matar, sin querer”.
En “No camines en el barro”: “…hace mucho que no llovía en el pueblo y las lágrimas mojaban extrañamente la tierra”. Es un cuento que tiene varios finales. De este cuento se hizo una ópera, inspirada en el cuento y con el mismo nombre “No camines en el barro”, que fue estrenada en Carlos Paz.
En “Jabalí” se habla de las desapariciones, del desprendimiento de cuerpos extraños. Se lee:
“Miré el pulgar de la infancia. Había dejado de sangrar y la cicatriz había desaparecido ¿cuándo? Antes se veía esa línea, ahora la cicatriz estaba sola en la memoria. Sin cuerpo. Sin mancha. A la deriva”.
“Me puse a buscar “El dolor” de Vladimir Holan. Quería leerlo, pero me distrajo una gillette que estaba como un pétalo entre las páginas”. Un Holan que luego pregunta: “Crees que no soy más mortal que mi cuerpo” y escribe en un papel: “El pensamiento perdido en los ojos del ciervo / reaparece de nuevo en la risa de un perro”. 
En “Apelación” el afuera va hacia adentro. Y dice “Por eso me quedó esta costumbre de -tirada en cualquier parte, un pedazo de tierra, un andén –mirar el cielo, encontrar las nubes gruesas, alimentadas, y sólo así, hacia esas nubes, jadeo, grito, el mundo entra en mi boca”. 
Siento que la escritura de Susana Szwarc es una escritura en carne viva, conmovedora. Por momentos es una crónica entre el afuera y el adentro, donde conviven tiempos y dimensiones diferentes, donde las cosas tienen alma y vida propia y dicen lo indecible. No hay nada explícito. Parte de un misterio y va hacia otro, entre silencios, nubes, lloviznas, inundaciones, diques. Vagones que se suceden, desbordan tiempos y lugares y contienen, a veces.
En el cuento “De lápida en lápida” se lee: “En el cementerio nos escondimos todas, entramos todas, debajo del vestido de mamá / Cuando salimos cada una era más alta que ella. Comenzamos a despedirnos”.
Luego viene “de Una felicidad liviana”. Las frases, las palabras se van hilando como cuentas, cada una encierra un mundo, aunque parecieran estar en un derrotero sin sentido, y tampoco preocupa profundizar demasiado en eso. En “Anotaciones” dice “A mí no me gusta que me exploten / A mí tampoco/ A mí tampoco / Ni a mí. Estoy cansada/ Vamos a dormir / Hace frío / Estirá los diarios/ Está amaneciendo /Me abrazás / Dale, mostrame qué anotaste”.
En “El Pañuelo” me pregunto cómo se puede contar lo más tremendo con palabras tan inocentes y bellas. Se lee “Hasta ahí nuestra madre saltaba de un lado al otro del pañuelo. Era las dos nenas de las escuelas de Polonia o en Sudáfrica o en El Salvador o en la escuela argentina o. Decía, como actriz/relatora no recordar el país exacto, el año exacto pero que -para esta historia- daba lo mismo...”
En “Profundidad” dice “No quiero hundirme en la profundidad. La oscuridad me da miedo. No soy un árbol. Si meto mis piernas en la tierra profunda será como no ver el sol. Me gusta corretear por la superficie. Pero si todo lo que pedís para amarme es la profundidad, te prometo morir y que mi tumba sea la más profunda de la tierra”.
“Circular” me recordó otra de las citas del principio, de Wislawa Szymborska “En los trágicos desfiladeros el viento se lleva los sombreros y eso nos da risa”.
Y ahora, al final de la lectura regreso a la frase del principio. La cita de Nicolás Rosa: “Escribir algo, hacer del verbo escribir un verbo transitivo. Ya no se trata de saber quién escribe o por qué escribe, sino saber qué cosa es escribible, pregunta que al deshumanizarnos nos enfrenta al desierto de la historia. Esto me recuerda otra frase de Clarice Lispector en un Soplo de Vida: “Pero la palabra fue de a poco desmitificándome y obligándome a no mentir”.
En la presentación de este libro en la feria del libro en Resistencia, Chaco, hace un mes,  ha dicho la escritora y antropóloga Elizabeth Bergallo: La escritura de Susana Szwarc es una escritura en carne viva, conmovedora. Por momentos es una crónica entre el afuera y el adentro, donde conviven tiempos y dimensiones diferentes, donde las cosas tienen alma y vida propia y dicen lo indecible. No hay nada explícito. Parte de un misterio y va hacia otro, entre silencios, nubes, lloviznas, inundaciones, diques. Vagones que se suceden, desbordan tiempos y lugares y contienen, a veces. Haciendo honor a la verdad debo decir sin temor a equivocarme que es el libro de cuentos, de relatos, más maravilloso que leí en mi vida.

(c) Graciela  Elizabeth Bergallo
Graciela Elizabeth Bergallo es escritora y Magister en Antropología Social 



La presentación del libro por Graciela Elizabeth Bergallo se realizó en la Feria del Libro de Resistencia, Chaco y  en Buenos Aires en la Sala Pugliese del CCC con la presencia de los escritores Ana María Shua, Francisco Tete Romero y Juano Villafañe, música del compositor Fernando Maglia y cuentos en la voz de la actriz Susana Varela.

Susana Szwarc  nació en Quitilipi, Chaco. Ha publicado  libros de poesía y narrativa. Son algunos en poesía: Bailen las estepas, Edic. De la flor (1999), reeditado en  Ediciones Liliputienses, España (2016);  Bárbara dice, Editorial Alción (2004) / en francés: Barbara dit, Abra Pampa Éditions (2014); El ojo de Celan, Ed.Alción (2015) /en italiano:   L’Occhi di Celan, Edizioni  Fili d’Aquilone (2016) en breve su reedición en la Editorial Polibea.  En prosa ha publicado entre otros: Trenzas, ed. Legasa en 1991, reeditado  en Ediciones Entropía (2016)  y publicado recientemente en Austria en la editorial Löcker con traducción de Erna Pfeiffer; La muertita o la novela que, Ed. La mariposa y la iguana (2016);  ha sido la antóloga, entre otras antologías, de  Puentes poéticos, (edic. Desde la gente, 2018).  En el 2011 fue estrenada en Carlos Paz (Córdoba) la opereta No camines en el barro  compuesto por Cristian Varela, basado en un cuento del mismo nombre. Ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos Premio Regional por Trenzas; Premio Único de Poesía por la Secretaría de Cultura de Buenos Aires y la Beca del Fondo Nacional de las Artes.








jueves, 17 de octubre de 2019

Ensayo sobre la piel 2011-2016- Liliana Lukin

Liliana Lukin 


















Ensayo sobre la piel
2011-2016
Liliana Lukin
Ediciones Activo Puente

(Buenos Aires)
“Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y eso tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte…” dice Jorge Luis Borges en su ensayo La ceguera.
Escritoras como la francesa Simone de Beauvoir y la norteamericana Joan Didion entre otras  han escrito sobre la muerte y el duelo por seres queridos. En Una muerte muy dulce  Simone de Beauvoir escribió sobre los últimos días de su madre. Joan Didion lo hizo en El año del pensamiento mágico, donde expresa el dolor por la muerte del marido, el escritor John Gregory Dunne   y Noches azules, por la muerte de la hija.
Liliana Lukin convirtió el dolor  y el duelo en poesía en su Ensayo sobre la piel 2011-2016.

La poeta dice en

 "Junio 2011


proliferar se ha vuelto
una frase, las volutas del
deseo de proliferar en mí misma,
las punzantes intenciones
se me disuelven en accidentes
mentales, circunvoluciones
en desuso, el cuerpo vivo
de las ideas muertas frente a mí


Acerca de acontecimientos que habían comenzado a mostrar
La rara condición de la salud de mi hermano, cuyos síntomas,
De deterioro cognitivo, no eran muy evidentes. Sus estudios
Neurológicos, en 2009, fueron “normales”."

Con este poema se inicia el Ensayo sobre la piel, una larga despedida a Osvaldo, el hermano que se ha enfermado y poco a poco se va deteriorando. Diagnosticado erróneamente, a los 51 años, con “demencia fronto-temporal” por un neurólogo, los poemas se intercalan por textos donde se describe  una peregrinación por  médicos, diagnósticos, una internación psiquiátrica indebida hasta un diagnóstico de Alzheimer en 2011.

Osvaldo, internado después en geriátricos padece maltratos . La poeta lo expresa así:

"Enero 2014
yo, cuidando que los viejos no
le vieran el cuerpo, desnudo
y en pañales, y él, un faquir
yaciendo sobre las agujas de su mal,
recibía esas visitas con agrado

Internado con deshidratación grave. Desde diciembre de 2014 en un geriátrico nuevo, sin cuidador por las tardes, estuvo sin aire acondicionado, con 50° de temperatura, atado a su silla en el barral del pasillo de los dormitorios del primer piso. Nadie estaba en Buenos Aires y no me permitieron hacerme cargo de la situación, ni pagar más horas al cuidador para que lo bajara al jardín, caminara y permaneciera en el patio."

Franz Kafka dijo “Escribir es rezar”. Liliana Lukin lo cita al final del libro:
“…Hundirse en la noche! Así como a veces se sumerge la cabeza en el pecho para reflexionar, sumergirse por completo en la noche.
Alrededor duermen, los hombres.
Un pequeño espectáculo, un autoengaño inocente, es el de dormir en casas, en camas sólidas, entre sábanas, bajo techo seguro, bajo mantas; en realidad se han encontrado reunidos como antes una vez y como después en una comarca desierta: Un campamento al raso, una inabarcable cantidad de personas, un ejército, un pueblo bajo un cielo frío, sobre una tierra fría, arrojados al suelo allí donde antes se estuvo de pie, con la frente contra el brazo, y la cara contra el suelo, respirando profundamente. Y tú velas, eres uno de los vigías, hallas al prójimo agitando el leño encendido que tomaste del montón de astillas, junto a ti.
¿Por qué velas? Alguien tiene que velar, se ha dicho. Alguien tiene que estar ahí”
                                                  Franz Kafka

Ensayo sobre la piel 2011-2016  es uno de los libros que se deberían leer cuando una persona cercana se enferma y se va deteriorando como en el caso de Osvaldo, ya que en estos poemas se expresa con profundidad el dolor y el sentimiento de impotencia que se sufren en una situación similar.




Liliana Lukin, (Buenos Aires, 1951). Publicó, desde 1978, 16 libros de poesía y se reeditan títulos desde 2011. Es autora de ensayos sobre poética y sobre representación del cuerpo en la tortura y la represión, con los que dio seminarios en universidades del exterior. Sus libros se publicaron en francés, inglés, alemán y polaco.
De 1988 a 2000 coordinó los “Encuentros de Escritores” y editó los “Cuadernos de Narrativa Argentina”. Egresada de Letras de la UBA, docente en la UNA, de 2007 a 2012 organizó las “Jornadas Cuerpos Argentinos” y de 2004 a 2015 coordinó la Clínica de Escritura Poética de la Biblioteca Nacional Argentina, donde fundó Colección miliuna de Poesía. Tiene inéditos  El Museo de los Niños y La Edad es la puerta de la belleza.
En noviembre 2019 es invitada a la Universidad de Lovaina, Bélgica, donde participará en la Jornada sobre el Discurso amoroso, sobre la retórica erótica en la poesía latinoamericana, y donde se analizará su obra poética, con una lectura de poemas y una entrevista final.
Es invitada también a la Universidad Sorbonne3, París, Francia, donde participará con un trabajo en el CRICCAL, sobre el tema Archivo.

www.lilianalukin.com.ar



Ha publicado poemas en diversas ediciones del Suplemento de poesía de la Revista Archivos del Sur. En 2018 publicó Poemas inéditos:
https://suple2018.blogspot.com/2018/05/liliana-lukin.html

bibliografía:
Jorge Luis Borges, Siete noches, Biblioteca Borges, Alianza Editorial
Ron Marasco-Brian Shuff, Sobre el duelo, La pérdida, el consuelo y el crecimiento interior, Editorial Océano
Joan Didion, El año del pensamiento mágico, Random House Mondadori S.A.


domingo, 18 de agosto de 2019

La vejez - Simone de Beauvoir



El segundo sexo- tapa del libro

La vejez 
Simone de Beauvoir
Traducción de Aurora Bernárdez
Ediciones DEBOLSILLO

Buenos Aires, 1970

(Buenos Aires)

La filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir (1908-1986) e inseparable compañera de Jean Paul Sartre durante más de cincuenta años escribió entre otras obras que le han dado fama universal como El segundo sexo, el ensayo La vejez. Dado que es un tema que se esquiva o del que se habla poco, considero necesario recordar este libro de Beauvoir.
En la introducción, la escritora cita a Buda: “Cuando Buda era todavía el príncipe Sidarta, encerrado por su padre en un magnífico palacio, se escapó varias veces para pasearse en coche por los alrededores. En su primera salida encontró a un hombre achacoso, desdentado, todo lleno de arrugas, canoso, encorvado, ahoyado en un bastón, balbuceante y tembloroso. Ante su asombro, el cochero le explicó lo que es un viejo: “Qué desgracia – exclamó el príncipe – que los seres débiles e ignorantes, embriagados por el orgullo propio de la juventud, no vean la vejez. Volvamos rápido a casa. De qué sirven los juegos y las alegrías si soy la morada de la futura vejez”.
Buda reconoció en un anciano su propio destino porque, nacido para salvar a los hombres, quiso asumir su condición total. En eso se diferenciaba de ellos, que eluden los aspectos que les desagradan. Y en particular la vejez. Norteamérica ha tachado de su vocabulario la palabra “muerte”: se habla del ser querido que se fue; asimismo, evita toda referencia a la edad avanzada. En Francia, actualmente, es también un tema prohibido. Cuando al final de La fuerza de las cosas infringí ese tabú, ¿qué indignación provoqué? Admitir que yo estaba en el umbral de la vejez era decir que la vejez acechaba a todas las mujeres, que ya se había apoderado de muchas. ¡Con amabilidad o con cólera mucha gente, sobre todo gente de edad, me repitió abundantemente que la vejez no existe! Hay gente menos joven que otra, eso es todo. Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar. Sobre la mujer, el niño, el adolescente, existe en todos los sectores una copiosa literatura; fuera de las obras especializadas, las alusiones a la vejez son muy raras. Un autor de historieta tuvo que rehacer toda una serie porque había incluido entre sus personajes a una pareja de abuelos: “Suprima a los viejos”, le ordenaron. Cuando explico que estoy trabajando en un ensayo sobre la vejez, la más de las veces me dicen: “¡Qué idea…! ¡Si usted no es vieja…! Qué tema triste…”.”
En esta obra donde aborda distintos temas que conciernen a los seres humanos en la etapa de la vida
llamada vejez, Simone de Beauvoir señala que “el momento en que comienza la vejez está mal definido, varía según las épocas y los lugares. En ninguna parte se encuentran “ritos de pasaje” que establezcan un nuevo estatuto. En política, el individuo conserva toda su vida los mismos derechos y los mismos deberes.
El Código Civil no establece ninguna distinción entre un centenario y un cuadragenario. Los juristas consideran que fuera de los casos patológicos, la responsabilidad penal de los hombres de edad es tan cabal como la de los jóvenes. Políticamente no se los considera una categoría aparte y por lo demás ellos no lo querrían; existen libros, publicaciones, espectáculos, emisiones de televisión y de radio destinadas a los niños y a los adolescentes, a los viejos, no. En todos esos planos se los asimila a los adultos más jóvenes. Sin embargo, cuando se decide su condición económica parece considerarse que pertenecen a una especie extraña; no tienen ni las mismas necesidades ni los mismos sentimientos que los otros hombres puesto que basta acordarles una miserable limosna para sentirse en paz con ellos. Esta ilusión cómoda es acreditada por los economistas, por los legisladores cuando lamentan el peso que los no activos representan para los activos, como si éstos no fueran futuros no activos y no aseguraran su propio futuro instituyendo la protección de las gentes de edad. Los sindicalistas no se equivocan; cuando formulan reivindicaciones siempre atribuyen una parte importante al problema de la jubilación.
Los viejos, que no constituyen ninguna fuerza económica, no tienen los medios para hacer valer
sus derechos; el interés de los explotadores es quebrar la solidaridad entre los trabajadores y los
improductivos, de modo que éstos no sean defendidos por nadie. Los mitos y los estereotipos que
el pensamiento burgués ha puesto en circulación tratan de mostrar que en el viejo hay otro: “Con
adolescentes que duran un número bastante grande de años, la vida hace viejos”, observa Proust;
conserva las cualidades y los defectos del hombre que siguen siendo . Eso es lo que la opinión
quiere ignorar…”.
A lo largo de las páginas de La vejez, la escritora francesa aborda también a algunos escritores que
escribieron sobre esa etapa, por ejemplo el poeta Walt Whitman:
“Contemporáneo y amigo de Emerson, Whitman se inspiraba en un optimismo vitalista. Cantaba
la vida en todas sus formas. Cuando estaba en la fuerza de la edad, exaltó líricamente la vejez.
Se lee en Hojas de hierba:
                                          A la vejez

Veo en ti el estuario que se agranda y se extiende magníficamente
A medida que se derrama en el gran océano.
Y en otro poema:
Juventud amplia, robusta, voraz; juventud llena de gracia, de fuerza, de fascinación.
¿Sabes que la vejez puede venir tras de ti con la misma gracia, la misma fuerza,
la misma fascinación?
Día pleno y espléndido, día de sol, de la acción, de la ambición, de la risa inmensa.
La noche te sigue de cerca con sus millones de soles y su sueño y sus reconfortantes
tinieblas.
Fulminado a los 54 años por un ataque, él, que desbordaba de energía y amaba
apasionadamente la naturaleza, se encontró clavado en un sillón de inválido,
semiparalítico. Se empeñó en soportar la prueba con serenidad. A fuerza de voluntad,
en tres años volvió a caminar. Vivía entonces en casa de su hermano, en la pequeña
Ciudad de Camden; a los 65 años se encontró lo bastante bien como para instalarse
en una pequeña casita propia. Un año después, de resultas de una insolación, un nuevo
ataque le dejó con las piernas y los huesos “transformados en gelatina”. …”
Walt Whitman se recuperó, de vez en cuando para ganar algo de dinero hacía alguna
lectura pública. Escribía.
Otros ejemplos citados por Beauvoir son Swift y Goethe. Este último a los 80 años
no tenía ningún achaque: “sus facultades, su memoria entre otras, estaban intactas”.
Sin embargo, Goethe a los 82 años tenía pequeños desfallecimientos y luego recobraba
el equilibrio. Sólo trabajaba por la mañana. Había renunciado a viajar. Durante el día,
dormitaba a menudo.
En cuanto a Tolstoi, la filósofa señala que el vigor de éste era legendario. “Lo debía al
cuidado con que lo preservaba. A los 67 años aprendió a andar en bicicleta y en los
años siguientes hizo largas excursiones en bicicleta, a caballo y a pie; jugaba al tenis,
tomaba baños helados en el río; en verano guadañaba, a veces, durante tres horas
seguidas. Trabajaba en Resurrección, escribía su Diario y numerosas cartas, recibía
visitas, leía, estaba al corriente de lo que pasaba en el mundo…”.
Otro caso citado por Simone de Beauvoir es el pintor Renoir: “A partir de los 60 años,
Renoir vivió semiparalítico. Ya no podía caminar. Tenía la mano rígida. Sin embargo
siguió pintando hasta su muerte, a los 78 años. Alguien apretaba los tubos de color
sobre la paleta. Le ataban a la articulación de la mano un pincel que sostenía con un
dedil y dirigía con el brazo. “No se necesita la mano para pintar”, decía. Se paseaba
por el campo en un sillón de ruedas o, si las cuestas eran demasiado empinadas, tenía
la impresión de hacer incesantes progresos y eso le proporcionaba grandes alegrías.
Su único pesar era que el tiempo que lo enriquecía como artistas, con el mismo
movimiento lo acercaba a la tumba”.
“A los 70 años Giovanni Papini tenía todavía buena salud” dice Beauvoir. El 9 de enero
de 1950 escribía a un amigo: “Todavía no percibo la decadencia senil. Siempre tengo
grandes deseos de aprender y de trabajar”. Trabajaba desde hacía mucho tiempo en
dos libros que consideraba los más importantes de su obra: El Juicio Universal, del que
en 1945 había escrito 6.000 páginas y El Informe de los hombres. Escribió un libro sobre
Miguel Ángel y comenzó El Diablo. Se le manifestó entonces una esclerosis lateral
amiotrófica, enfermedad que termina fatalmente (pero seguramente él no lo sabía)
en una parálisis bulbar. Cristiano ferviente, atribuía un valor espiritual al sufrimiento
y se inclinaba ante la voluntad divina. Sin embargo le preocupaban sus dos grandes
obras inconclusas. “Necesitaría leer y releer, y también dos ojos nuevos, días sin sueño,
medio siglo por delante. En cambio, estoy casi ciego y casi moribundo”.
Ernest Hemingway escribió la novela El viejo y el mar. En esta obra, citada por  la
escritora francesa, el personaje es un viejo pescador que parte solo a pescar un enorme
pez cuya captura lo agota. Consigue llevarlo a tierra pero no defenderlo de los tiburones
y lo que abandona en la orilla es un esqueleto sin carne. Poco importa, dice Beauvoir,
“la aventura tenía un fin en sí misma: para el viejo se trataba de negar la vida vegetativa
que es la de la mayoría de sus semejantes y afirmar hasta el fin los valores viriles de coraje,
de aguante. “Un hombre puede ser destruido, pero no vencido”, dice el viejo pescador.

Simone de Beauvoir escribió los libros La invitada, Los mandarines, El segundo sexo y
Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas, Final de cuentas,
Diario de guerra, Todos los hombres son mortales, Los mandarines, La mujer rota, La sangre
de los otros, El existencialismo y la sabiduría de los pueblos, entre otros.
Y tras la muerte de Sartre, La ceremonia del adiós.
El libro Una muerte muy dulce, está escrito recordando la última etapa de la vida de su  madre.





domingo, 4 de agosto de 2019

Arte Duty Free- Hito Steyerl




Arte Duty Free
Hito Steyerl
El arte en la era de la guerra civil planetaria
Traducción de Fernando Bruno
Editorial Caja Negra
Buenos Aires, 2018

(Buenos Aires)

Este libro de la artista y filósofa  nacida en Munich  Hito Steyerl reúne un conjunto de
textos donde reflexiona en un contexto en el que la infraestructura de la Web y la
telefonía móvil multiplicaron la ubicuidad de las pantallas, y la proliferación de
imágenes pareciera haber transformado nuestra vida cotidiana en un efecto de
postproducción, un modelado 3D o una composición de After Effects.
Con una lucidez alimentada de paranoia, Steyerl intenta dilucidad los complejos
mecanismos a través de los cuales la pulsión destructiva del capital se inscribe en la
superficie de las imágenes y le da forma a una nueva institucionalidad artística. Si los
museos cosmopolitas y las bienales en países emergentes encarnaban los sueños del
capitalismo globalizdo, los espacios artísticos convertidos en centros de refugiados
y los bunkers offshore que alojan obras de arte como reserva de valor financiero a
espaldas del público,  acaso sean figuras institucionales más adecuadas para un tiempo
en  el que las promesas liberales se fracturaron arrojándonos a un oscuro escenario de
conflictividad global.
“Además de la bienal internacional, el almacenamiento de arte duty free (libre de
impuestos) probablemente sea hoy la forma activa más importante de arte” dice
Hito Steyerl. Es como el reverso distópico de la bienal, en un tiempo en el que los
sueños liberales de globalización y cosmopolitismo se han realizado bajo la forma
de un desorden multipolar repleto de oligarcas, señores de la guerra, corporaciones
demasiado grandes como para fallar y montones de nuevas personas sin Estado…”
afirma la artista.
El ensayo Arte Duty Free que da título al libro, fue comisionado por el Artist
Space de Nueva York como una conferencia. Fue publicado por primera vez en
e-flux journal en 2015.
La artista explora en estos ensayos diversos temas de actualidad y nos advierte
que una imagen es siempre el resultado de una manipulación, y que por eso no
puede nunca ser inocente. La crítica del espectáculo de Debord, las meditaciones
de Didi-Huberman sobre cómo nos afectan las imágenes que observamos, y las
investigaciones de Farocki  sobre las cámaras de uso militar nos recuerdan que
el ojo es un campo de batalla, y que el destino de nuestra autonomía se cifra en la
capacidad que tengamos para penetrar el sentido de las continuas radiaciones
visuales a las que estamos sometidos.

Hito Steyerl (Munich, 1966) se dedica desde hace años al campo de los medios de 
comunicación y al análisis de la circulación masiva de imágenes. Doctora en Filosofía
por la Universidad de Viena y profesora de New Art Media en la Universidad de Berlín, 
sus ensayos tanto escritos como audiovisuales se centran en temas como el feminismo, la
violencia política y las tecnologías digitales, temáticas que aborda mediante el uso de la
ironía y de la apropiación de materiales audiovisuales y textuales ajenos. Como artista y documentalista, participó en bienales de todo el mundo y su obra forma parte de las 
principales colecciones y museos contemporáneos. 

Los condenados de la pantalla - Hito Steyerl




Los condenados de la pantalla
Hito Steyerl
traducción de Marcelo Expósito
prólogo de Franco "Biffo" Berardi
Editorial Caja Negra
Buenos Aires, 2014

(Buenos Aires)

Con prólogo del escritor y filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, este libro reúne
ensayos de Hito Steyerl que componen “una cartografía en proceso de la tierra baldía

de la imaginación congelada; pero también una cartografía de la nueva sensibilidad emergente.

A partir de esta cartografía sabremos hacia dónde avanzar para descubrir una nueva
forma de actividad que debe ocupar el lugar del arte, la política y la terapia,
debiendo mezclar estas tres formas diferentes en un proceso de sensibilidad
reactivadora con la finalidad de que los seres humanos logren reconocerse
de nuevo.
¿Resultará exitoso este descubrimiento? ¿Seremos capaces de encontrar la
salida de las tinieblas presentes y de la confusión del dogma y la falsedad?
¿Podremos escapar del agujero negro? Debemos preguntárselo a las formas de
inteligencia extraterrestre que, bajando la vista hacia la Tierra, detectarán los signos
de nuestros pasos perdidos y probablemente también los signos de nuestra nueva
vida después del capitalismo”.
Franco “Bifo” Berardi

Uno de los ensayos más interesantes de este libro es “El arte como ocupación:
demandas para una autonomía de la vida”.
En este ensayo la artista y filósofa desarrolla una tesis: lo que antes era trabajo
se está convirtiendo cada vez más en ocupación. “Este cambio de terminología
podría parecer trivial” dice, “Pero en realidad casi todo cambia en el tránsito del
trabajo a la ocupación: se transforma en el marco económico y también el espacio
y la temporalidad”.
“…Una ocupación, en lugar de apreciarse como un modo de ganar tiempo y recursos,
Se entiende como una manera de perderlos. Acentúa claramente el pasaje de una
economía basada en la producción a una economía impulsada por el despilfarro,
de la progresión temporal a la pérdida de tiempo o incluso al tiempo de ocio; de un
espacio definido por divisiones claras a un territorio enmarañado y complejo…” dice
Steyerl.
Estos ensayos han sido publicados en la revista e-flux, en los que da forma a una crítica
de la creación audiovisual en nuestras sociedad hipermediatizadas. En tanto la mente, las
emociones y la creatividad tomaron el lugar del cuerpo como las herramientas claves para
la producción de valor, es necesario rastrear qué nuevas formas de alienación han surgido
en este contexto y cuál es el destino de la práctica cuando las utopías y deseos se han
desplazado a las pantallas. En la línea de su principal mentor Harun Farocki, Steyerl se

 enfrenta al flujo de imágenes producidas por el capitalismo de la información (es especial a
las imágenes basura arrojadas en las playas de las economías digitales) a partir de un
enfoque materialista, abordándolas no como representaciones sino como fragmentos del mundo,
que participan de él creándolo, modificándolo y padeciendo sus leyes.

Hito Steyerl

Artista y ensayista nacida en Munich en 1966, Hito Steyerl se dedica hace años al campo de los medios de comunicación y al análisis de la circulación masiva de imágenes. Doctora en Filosofía por la Universidad de Viena y profesora de New Art Media en la Universidad de Berlín, sus ensayos tanto escritos como audiovisuales
se centran en temas como el feminismo, la violencia política y las tecnologías digitales, temáticas que aborda  mediante el uso de la ironía y de la apropiación de materiales visuales y textuales ajenos. Como artista y documentalista, participó en bienales de todo el mundo y su obra forma parte de las principales colecciones y museos de arte contemporáneo.
Los condenados de la pantalla es su primer libro traducido al español.

domingo, 7 de julio de 2019

Paisaje con figuras- Marta Penhos



Paisaje con figuras
La invención de Tierra del Fuego a bordo del Beagle
(1826-1836)
Marta Penhos
Editorial Ampersand
Buenos Aires, 2018
380 páginas

(Buenos Aires)

Este libro de Marta Penhos – doctora en Historia y Teoría de las Artes por
la Universidad de Buenos Aires – trata de un libro. Da cuenta de un relato,
el de Narrative of the Surveying Voyages of his Majesty´s Ships Adventure
and Beagle, de 1829, que se inscribe en una serie de estudios acerca del tema
de viajes y viajeros europeos de los siglos XVI a XIX y sus representaciones
literarias y visuales. Durante esas largas travesías, los misteriosos confines
del mundo y sus habitantes –que se perciben como perdidos en paisajes y
climas inhóspitos – despertaron fuertemente la curiosidad de exploradores como
Robert Fitz Roy o un joven Darwin.
El viaje del Beagle fue una empresa oficial, y como tal puede ser enfocada desde
los intereses del Almirantazgo y la corona británica sobre el Río de la Plata, es
decir, como una pieza más del engranaje imperialista de la época.
Las instrucciones del Almirantazgo incluían el examen de los puertos malvinenses
por lo cual a fines de febrero (1833) el Beagle enfiló hacia las islas, que hacía
poco más de un mes habían sido ocupadas por los británicos.
Otras embarcaciones navegaron junto al Beagle: el velero liviano Adventure en
el viaje iniciado en mayo de 1826;  y en un viaje posterior, en 1831, un ballenero
comprado en las Islas Malvinas por Fitz Roy, también bautizado como Adventure.
Al Beagle y al Adventure, se unieron otros barcos en el transcurso de las dos
etapas: el Adelaide, una goleta empleada para los recorridos por los canales
fueguinos; La Paz y La Liebre, también goletas alquiladas a un inglés de Bahía
Blanca para el relevamiento de la costa atlántica; el Uxbridge y el Adeona, barcos
foqueros cuyo dueño, un inglés de apellido Lynch, colaboró en varios tramos
con la expedición, y el bote con cubierta Constitución, propiedad de un vecino
de Montevideo que se aplicó a distintas tareas hasta Guayaquil.
Enmarcada en algunas aproximaciones de las teorías poscoloniales, Marta Penhos
busca aquí desnaturalizar los discursos heredados por medio del estudio de las
imágenes en su contexto de producción: se examinan así los recursos y las motivaciones
materiales, intelectuales y estéticas de los dibujos y acuarelas realizados durante
el viaje, junto con diagramas, mediciones y registros cartográficos. Los conocimientos previos y la educación técnica de los artistas - y aun de los científicos que crearon algunas de estas imágenes- intervinieron en su producción visual, a veces potenciando sus cualidades informativas o expresivas y otras limitándolas. Los tripulantes del Beagle- como muchos otros que los antecedieron – se embarcaron en un viaje, tanto físico como simbólico, de exploración y de apropiación; la violencia implícita en las relaciones coloniales en las que se inscriben estos viajes puede descubrirse también en sus imágenes y discursos.
En uno de los capítulos, se detalla cómo Fitz Roy realiza la edición general de Narrative:
Fitz Roy toma la palabra … y también a cuatro fueguinos (noviembre de 1829-julio de
1830). Se refiere al libro donde se da cuenta de la expedición del Beagle y como Fitz Roy
escribía un diario donde algo distingue su texto de las partes de Narrative escritas por
sus colegas. En estas, los habitantes de Tierra del Fuego hacen su aparición cada tres o
cuatro páginas, de pie en las costas, asomándose desde sus wigwan, bogando en sus
canoas. Cuando se produce un encuentro no falta el robo de alguna prenda a los británicos,
u otra experiencia “desagradable”. Los grupos de nativos se transforman en un elemento familiar del relato y de la construcción de los espacios fueguinos, al punto que, frecuentemente, Fitz Roy alude a ellos como si acompañaran al grupo: habla de “nuestros  conocidos acompañantes” pese a que, en cada oportunidad, no se tratase de los indígenas con los cuales ya habían tomado contacto anteriormente. Esta modalidad de representación es nombrada por la autora como “paisaje con figuras” en la medida en que los fueguinos se integran a los espacios transitados y estudiados por los viajeros con el mismo estatus que los accidentes geográficos y la fauna y la flora.
El libro incursiona mucho más allá de lo grave, que fue lo ocurrido con los indígenas nombrados como Jemmy Button, Fuegia Basquet,  York Minster y Boat Memory (llevados a Inglaterra por Fitz Roy en el primer viaje)  y devueltos a Tierra del Fuego en el segundo, después de un período de inmersión en Inglaterra “civilizada” durante el cual fueron instruidos en  valores cristianos, el idioma inglés y las costumbres occidentales y donde el objetivo del experimento era formar intérpretes e intermediarios útiles para las futuras expediciones que tocasen el canal de Beagle pero implicaba mucho más.
Paisaje con figuras es un libro entretenido e ilustrativo de cómo se fue construyendo la visión sobre Tierra del Fuego con el punto de vista de los expedicionarios, necesario para comprender el presente.
Marta Penhos es doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires. Se ha dedicado a la docencia en cursos de grado y posgrado, tanto en la Argentina como en el exterior: es profesora titular de Historia de las Artes Plásticas IV (Barroco) y adjunta de Historia del Arte Americano I (Colonial) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y profesora titular de Historia del Arte y la Cultura Visual I en la Licenciatura en Restauración y Conservación de Bienes Culturales de la UNSAM.