domingo, 18 de agosto de 2019

La vejez - Simone de Beauvoir



El segundo sexo- tapa del libro

La vejez 
Simone de Beauvoir
Traducción de Aurora Bernárdez
Ediciones DEBOLSILLO

Buenos Aires, 1970

(Buenos Aires)

La filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir (1908-1986) e inseparable compañera de Jean Paul Sartre durante más de cincuenta años escribió entre otras obras que le han dado fama universal como El segundo sexo, el ensayo La vejez. Dado que es un tema que se esquiva o del que se habla poco, considero necesario recordar este libro de Beauvoir.
En la introducción, la escritora cita a Buda: “Cuando Buda era todavía el príncipe Sidarta, encerrado por su padre en un magnífico palacio, se escapó varias veces para pasearse en coche por los alrededores. En su primera salida encontró a un hombre achacoso, desdentado, todo lleno de arrugas, canoso, encorvado, ahoyado en un bastón, balbuceante y tembloroso. Ante su asombro, el cochero le explicó lo que es un viejo: “Qué desgracia – exclamó el príncipe – que los seres débiles e ignorantes, embriagados por el orgullo propio de la juventud, no vean la vejez. Volvamos rápido a casa. De qué sirven los juegos y las alegrías si soy la morada de la futura vejez”.
Buda reconoció en un anciano su propio destino porque, nacido para salvar a los hombres, quiso asumir su condición total. En eso se diferenciaba de ellos, que eluden los aspectos que les desagradan. Y en particular la vejez. Norteamérica ha tachado de su vocabulario la palabra “muerte”: se habla del ser querido que se fue; asimismo, evita toda referencia a la edad avanzada. En Francia, actualmente, es también un tema prohibido. Cuando al final de La fuerza de las cosas infringí ese tabú, ¿qué indignación provoqué? Admitir que yo estaba en el umbral de la vejez era decir que la vejez acechaba a todas las mujeres, que ya se había apoderado de muchas. ¡Con amabilidad o con cólera mucha gente, sobre todo gente de edad, me repitió abundantemente que la vejez no existe! Hay gente menos joven que otra, eso es todo. Para la sociedad, la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar. Sobre la mujer, el niño, el adolescente, existe en todos los sectores una copiosa literatura; fuera de las obras especializadas, las alusiones a la vejez son muy raras. Un autor de historieta tuvo que rehacer toda una serie porque había incluido entre sus personajes a una pareja de abuelos: “Suprima a los viejos”, le ordenaron. Cuando explico que estoy trabajando en un ensayo sobre la vejez, la más de las veces me dicen: “¡Qué idea…! ¡Si usted no es vieja…! Qué tema triste…”.”
En esta obra donde aborda distintos temas que conciernen a los seres humanos en la etapa de la vida
llamada vejez, Simone de Beauvoir señala que “el momento en que comienza la vejez está mal definido, varía según las épocas y los lugares. En ninguna parte se encuentran “ritos de pasaje” que establezcan un nuevo estatuto. En política, el individuo conserva toda su vida los mismos derechos y los mismos deberes.
El Código Civil no establece ninguna distinción entre un centenario y un cuadragenario. Los juristas consideran que fuera de los casos patológicos, la responsabilidad penal de los hombres de edad es tan cabal como la de los jóvenes. Políticamente no se los considera una categoría aparte y por lo demás ellos no lo querrían; existen libros, publicaciones, espectáculos, emisiones de televisión y de radio destinadas a los niños y a los adolescentes, a los viejos, no. En todos esos planos se los asimila a los adultos más jóvenes. Sin embargo, cuando se decide su condición económica parece considerarse que pertenecen a una especie extraña; no tienen ni las mismas necesidades ni los mismos sentimientos que los otros hombres puesto que basta acordarles una miserable limosna para sentirse en paz con ellos. Esta ilusión cómoda es acreditada por los economistas, por los legisladores cuando lamentan el peso que los no activos representan para los activos, como si éstos no fueran futuros no activos y no aseguraran su propio futuro instituyendo la protección de las gentes de edad. Los sindicalistas no se equivocan; cuando formulan reivindicaciones siempre atribuyen una parte importante al problema de la jubilación.
Los viejos, que no constituyen ninguna fuerza económica, no tienen los medios para hacer valer
sus derechos; el interés de los explotadores es quebrar la solidaridad entre los trabajadores y los
improductivos, de modo que éstos no sean defendidos por nadie. Los mitos y los estereotipos que
el pensamiento burgués ha puesto en circulación tratan de mostrar que en el viejo hay otro: “Con
adolescentes que duran un número bastante grande de años, la vida hace viejos”, observa Proust;
conserva las cualidades y los defectos del hombre que siguen siendo . Eso es lo que la opinión
quiere ignorar…”.
A lo largo de las páginas de La vejez, la escritora francesa aborda también a algunos escritores que
escribieron sobre esa etapa, por ejemplo el poeta Walt Whitman:
“Contemporáneo y amigo de Emerson, Whitman se inspiraba en un optimismo vitalista. Cantaba
la vida en todas sus formas. Cuando estaba en la fuerza de la edad, exaltó líricamente la vejez.
Se lee en Hojas de hierba:
                                          A la vejez

Veo en ti el estuario que se agranda y se extiende magníficamente
A medida que se derrama en el gran océano.
Y en otro poema:
Juventud amplia, robusta, voraz; juventud llena de gracia, de fuerza, de fascinación.
¿Sabes que la vejez puede venir tras de ti con la misma gracia, la misma fuerza,
la misma fascinación?
Día pleno y espléndido, día de sol, de la acción, de la ambición, de la risa inmensa.
La noche te sigue de cerca con sus millones de soles y su sueño y sus reconfortantes
tinieblas.
Fulminado a los 54 años por un ataque, él, que desbordaba de energía y amaba
apasionadamente la naturaleza, se encontró clavado en un sillón de inválido,
semiparalítico. Se empeñó en soportar la prueba con serenidad. A fuerza de voluntad,
en tres años volvió a caminar. Vivía entonces en casa de su hermano, en la pequeña
Ciudad de Camden; a los 65 años se encontró lo bastante bien como para instalarse
en una pequeña casita propia. Un año después, de resultas de una insolación, un nuevo
ataque le dejó con las piernas y los huesos “transformados en gelatina”. …”
Walt Whitman se recuperó, de vez en cuando para ganar algo de dinero hacía alguna
lectura pública. Escribía.
Otros ejemplos citados por Beauvoir son Swift y Goethe. Este último a los 80 años
no tenía ningún achaque: “sus facultades, su memoria entre otras, estaban intactas”.
Sin embargo, Goethe a los 82 años tenía pequeños desfallecimientos y luego recobraba
el equilibrio. Sólo trabajaba por la mañana. Había renunciado a viajar. Durante el día,
dormitaba a menudo.
En cuanto a Tolstoi, la filósofa señala que el vigor de éste era legendario. “Lo debía al
cuidado con que lo preservaba. A los 67 años aprendió a andar en bicicleta y en los
años siguientes hizo largas excursiones en bicicleta, a caballo y a pie; jugaba al tenis,
tomaba baños helados en el río; en verano guadañaba, a veces, durante tres horas
seguidas. Trabajaba en Resurrección, escribía su Diario y numerosas cartas, recibía
visitas, leía, estaba al corriente de lo que pasaba en el mundo…”.
Otro caso citado por Simone de Beauvoir es el pintor Renoir: “A partir de los 60 años,
Renoir vivió semiparalítico. Ya no podía caminar. Tenía la mano rígida. Sin embargo
siguió pintando hasta su muerte, a los 78 años. Alguien apretaba los tubos de color
sobre la paleta. Le ataban a la articulación de la mano un pincel que sostenía con un
dedil y dirigía con el brazo. “No se necesita la mano para pintar”, decía. Se paseaba
por el campo en un sillón de ruedas o, si las cuestas eran demasiado empinadas, tenía
la impresión de hacer incesantes progresos y eso le proporcionaba grandes alegrías.
Su único pesar era que el tiempo que lo enriquecía como artistas, con el mismo
movimiento lo acercaba a la tumba”.
“A los 70 años Giovanni Papini tenía todavía buena salud” dice Beauvoir. El 9 de enero
de 1950 escribía a un amigo: “Todavía no percibo la decadencia senil. Siempre tengo
grandes deseos de aprender y de trabajar”. Trabajaba desde hacía mucho tiempo en
dos libros que consideraba los más importantes de su obra: El Juicio Universal, del que
en 1945 había escrito 6.000 páginas y El Informe de los hombres. Escribió un libro sobre
Miguel Ángel y comenzó El Diablo. Se le manifestó entonces una esclerosis lateral
amiotrófica, enfermedad que termina fatalmente (pero seguramente él no lo sabía)
en una parálisis bulbar. Cristiano ferviente, atribuía un valor espiritual al sufrimiento
y se inclinaba ante la voluntad divina. Sin embargo le preocupaban sus dos grandes
obras inconclusas. “Necesitaría leer y releer, y también dos ojos nuevos, días sin sueño,
medio siglo por delante. En cambio, estoy casi ciego y casi moribundo”.
Ernest Hemingway escribió la novela El viejo y el mar. En esta obra, citada por  la
escritora francesa, el personaje es un viejo pescador que parte solo a pescar un enorme
pez cuya captura lo agota. Consigue llevarlo a tierra pero no defenderlo de los tiburones
y lo que abandona en la orilla es un esqueleto sin carne. Poco importa, dice Beauvoir,
“la aventura tenía un fin en sí misma: para el viejo se trataba de negar la vida vegetativa
que es la de la mayoría de sus semejantes y afirmar hasta el fin los valores viriles de coraje,
de aguante. “Un hombre puede ser destruido, pero no vencido”, dice el viejo pescador.

Simone de Beauvoir escribió los libros La invitada, Los mandarines, El segundo sexo y
Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas, Final de cuentas,
Diario de guerra, Todos los hombres son mortales, Los mandarines, La mujer rota, La sangre
de los otros, El existencialismo y la sabiduría de los pueblos, entre otros.
Y tras la muerte de Sartre, La ceremonia del adiós.
El libro Una muerte muy dulce, está escrito recordando la última etapa de la vida de su  madre.





domingo, 4 de agosto de 2019

Arte Duty Free- Hito Steyerl




Arte Duty Free
Hito Steyerl
El arte en la era de la guerra civil planetaria
Traducción de Fernando Bruno
Editorial Caja Negra
Buenos Aires, 2018

(Buenos Aires)

Este libro de la artista y filósofa  nacida en Munich  Hito Steyerl reúne un conjunto de
textos donde reflexiona en un contexto en el que la infraestructura de la Web y la
telefonía móvil multiplicaron la ubicuidad de las pantallas, y la proliferación de
imágenes pareciera haber transformado nuestra vida cotidiana en un efecto de
postproducción, un modelado 3D o una composición de After Effects.
Con una lucidez alimentada de paranoia, Steyerl intenta dilucidad los complejos
mecanismos a través de los cuales la pulsión destructiva del capital se inscribe en la
superficie de las imágenes y le da forma a una nueva institucionalidad artística. Si los
museos cosmopolitas y las bienales en países emergentes encarnaban los sueños del
capitalismo globalizdo, los espacios artísticos convertidos en centros de refugiados
y los bunkers offshore que alojan obras de arte como reserva de valor financiero a
espaldas del público,  acaso sean figuras institucionales más adecuadas para un tiempo
en  el que las promesas liberales se fracturaron arrojándonos a un oscuro escenario de
conflictividad global.
“Además de la bienal internacional, el almacenamiento de arte duty free (libre de
impuestos) probablemente sea hoy la forma activa más importante de arte” dice
Hito Steyerl. Es como el reverso distópico de la bienal, en un tiempo en el que los
sueños liberales de globalización y cosmopolitismo se han realizado bajo la forma
de un desorden multipolar repleto de oligarcas, señores de la guerra, corporaciones
demasiado grandes como para fallar y montones de nuevas personas sin Estado…”
afirma la artista.
El ensayo Arte Duty Free que da título al libro, fue comisionado por el Artist
Space de Nueva York como una conferencia. Fue publicado por primera vez en
e-flux journal en 2015.
La artista explora en estos ensayos diversos temas de actualidad y nos advierte
que una imagen es siempre el resultado de una manipulación, y que por eso no
puede nunca ser inocente. La crítica del espectáculo de Debord, las meditaciones
de Didi-Huberman sobre cómo nos afectan las imágenes que observamos, y las
investigaciones de Farocki  sobre las cámaras de uso militar nos recuerdan que
el ojo es un campo de batalla, y que el destino de nuestra autonomía se cifra en la
capacidad que tengamos para penetrar el sentido de las continuas radiaciones
visuales a las que estamos sometidos.

Hito Steyerl (Munich, 1966) se dedica desde hace años al campo de los medios de 
comunicación y al análisis de la circulación masiva de imágenes. Doctora en Filosofía
por la Universidad de Viena y profesora de New Art Media en la Universidad de Berlín, 
sus ensayos tanto escritos como audiovisuales se centran en temas como el feminismo, la
violencia política y las tecnologías digitales, temáticas que aborda mediante el uso de la
ironía y de la apropiación de materiales audiovisuales y textuales ajenos. Como artista y documentalista, participó en bienales de todo el mundo y su obra forma parte de las 
principales colecciones y museos contemporáneos. 

Los condenados de la pantalla - Hito Steyerl




Los condenados de la pantalla
Hito Steyerl
traducción de Marcelo Expósito
prólogo de Franco "Biffo" Berardi
Editorial Caja Negra
Buenos Aires, 2014

(Buenos Aires)

Con prólogo del escritor y filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, este libro reúne
ensayos de Hito Steyerl que componen “una cartografía en proceso de la tierra baldía

de la imaginación congelada; pero también una cartografía de la nueva sensibilidad emergente.

A partir de esta cartografía sabremos hacia dónde avanzar para descubrir una nueva
forma de actividad que debe ocupar el lugar del arte, la política y la terapia,
debiendo mezclar estas tres formas diferentes en un proceso de sensibilidad
reactivadora con la finalidad de que los seres humanos logren reconocerse
de nuevo.
¿Resultará exitoso este descubrimiento? ¿Seremos capaces de encontrar la
salida de las tinieblas presentes y de la confusión del dogma y la falsedad?
¿Podremos escapar del agujero negro? Debemos preguntárselo a las formas de
inteligencia extraterrestre que, bajando la vista hacia la Tierra, detectarán los signos
de nuestros pasos perdidos y probablemente también los signos de nuestra nueva
vida después del capitalismo”.
Franco “Bifo” Berardi

Uno de los ensayos más interesantes de este libro es “El arte como ocupación:
demandas para una autonomía de la vida”.
En este ensayo la artista y filósofa desarrolla una tesis: lo que antes era trabajo
se está convirtiendo cada vez más en ocupación. “Este cambio de terminología
podría parecer trivial” dice, “Pero en realidad casi todo cambia en el tránsito del
trabajo a la ocupación: se transforma en el marco económico y también el espacio
y la temporalidad”.
“…Una ocupación, en lugar de apreciarse como un modo de ganar tiempo y recursos,
Se entiende como una manera de perderlos. Acentúa claramente el pasaje de una
economía basada en la producción a una economía impulsada por el despilfarro,
de la progresión temporal a la pérdida de tiempo o incluso al tiempo de ocio; de un
espacio definido por divisiones claras a un territorio enmarañado y complejo…” dice
Steyerl.
Estos ensayos han sido publicados en la revista e-flux, en los que da forma a una crítica
de la creación audiovisual en nuestras sociedad hipermediatizadas. En tanto la mente, las
emociones y la creatividad tomaron el lugar del cuerpo como las herramientas claves para
la producción de valor, es necesario rastrear qué nuevas formas de alienación han surgido
en este contexto y cuál es el destino de la práctica cuando las utopías y deseos se han
desplazado a las pantallas. En la línea de su principal mentor Harun Farocki, Steyerl se

 enfrenta al flujo de imágenes producidas por el capitalismo de la información (es especial a
las imágenes basura arrojadas en las playas de las economías digitales) a partir de un
enfoque materialista, abordándolas no como representaciones sino como fragmentos del mundo,
que participan de él creándolo, modificándolo y padeciendo sus leyes.

Hito Steyerl

Artista y ensayista nacida en Munich en 1966, Hito Steyerl se dedica hace años al campo de los medios de comunicación y al análisis de la circulación masiva de imágenes. Doctora en Filosofía por la Universidad de Viena y profesora de New Art Media en la Universidad de Berlín, sus ensayos tanto escritos como audiovisuales
se centran en temas como el feminismo, la violencia política y las tecnologías digitales, temáticas que aborda  mediante el uso de la ironía y de la apropiación de materiales visuales y textuales ajenos. Como artista y documentalista, participó en bienales de todo el mundo y su obra forma parte de las principales colecciones y museos de arte contemporáneo.
Los condenados de la pantalla es su primer libro traducido al español.

domingo, 7 de julio de 2019

Paisaje con figuras- Marta Penhos



Paisaje con figuras
La invención de Tierra del Fuego a bordo del Beagle
(1826-1836)
Marta Penhos
Editorial Ampersand
Buenos Aires, 2018
380 páginas

(Buenos Aires)

Este libro de Marta Penhos – doctora en Historia y Teoría de las Artes por
la Universidad de Buenos Aires – trata de un libro. Da cuenta de un relato,
el de Narrative of the Surveying Voyages of his Majesty´s Ships Adventure
and Beagle, de 1829, que se inscribe en una serie de estudios acerca del tema
de viajes y viajeros europeos de los siglos XVI a XIX y sus representaciones
literarias y visuales. Durante esas largas travesías, los misteriosos confines
del mundo y sus habitantes –que se perciben como perdidos en paisajes y
climas inhóspitos – despertaron fuertemente la curiosidad de exploradores como
Robert Fitz Roy o un joven Darwin.
El viaje del Beagle fue una empresa oficial, y como tal puede ser enfocada desde
los intereses del Almirantazgo y la corona británica sobre el Río de la Plata, es
decir, como una pieza más del engranaje imperialista de la época.
Las instrucciones del Almirantazgo incluían el examen de los puertos malvinenses
por lo cual a fines de febrero (1833) el Beagle enfiló hacia las islas, que hacía
poco más de un mes habían sido ocupadas por los británicos.
Otras embarcaciones navegaron junto al Beagle: el velero liviano Adventure en
el viaje iniciado en mayo de 1826;  y en un viaje posterior, en 1831, un ballenero
comprado en las Islas Malvinas por Fitz Roy, también bautizado como Adventure.
Al Beagle y al Adventure, se unieron otros barcos en el transcurso de las dos
etapas: el Adelaide, una goleta empleada para los recorridos por los canales
fueguinos; La Paz y La Liebre, también goletas alquiladas a un inglés de Bahía
Blanca para el relevamiento de la costa atlántica; el Uxbridge y el Adeona, barcos
foqueros cuyo dueño, un inglés de apellido Lynch, colaboró en varios tramos
con la expedición, y el bote con cubierta Constitución, propiedad de un vecino
de Montevideo que se aplicó a distintas tareas hasta Guayaquil.
Enmarcada en algunas aproximaciones de las teorías poscoloniales, Marta Penhos
busca aquí desnaturalizar los discursos heredados por medio del estudio de las
imágenes en su contexto de producción: se examinan así los recursos y las motivaciones
materiales, intelectuales y estéticas de los dibujos y acuarelas realizados durante
el viaje, junto con diagramas, mediciones y registros cartográficos. Los conocimientos previos y la educación técnica de los artistas - y aun de los científicos que crearon algunas de estas imágenes- intervinieron en su producción visual, a veces potenciando sus cualidades informativas o expresivas y otras limitándolas. Los tripulantes del Beagle- como muchos otros que los antecedieron – se embarcaron en un viaje, tanto físico como simbólico, de exploración y de apropiación; la violencia implícita en las relaciones coloniales en las que se inscriben estos viajes puede descubrirse también en sus imágenes y discursos.
En uno de los capítulos, se detalla cómo Fitz Roy realiza la edición general de Narrative:
Fitz Roy toma la palabra … y también a cuatro fueguinos (noviembre de 1829-julio de
1830). Se refiere al libro donde se da cuenta de la expedición del Beagle y como Fitz Roy
escribía un diario donde algo distingue su texto de las partes de Narrative escritas por
sus colegas. En estas, los habitantes de Tierra del Fuego hacen su aparición cada tres o
cuatro páginas, de pie en las costas, asomándose desde sus wigwan, bogando en sus
canoas. Cuando se produce un encuentro no falta el robo de alguna prenda a los británicos,
u otra experiencia “desagradable”. Los grupos de nativos se transforman en un elemento familiar del relato y de la construcción de los espacios fueguinos, al punto que, frecuentemente, Fitz Roy alude a ellos como si acompañaran al grupo: habla de “nuestros  conocidos acompañantes” pese a que, en cada oportunidad, no se tratase de los indígenas con los cuales ya habían tomado contacto anteriormente. Esta modalidad de representación es nombrada por la autora como “paisaje con figuras” en la medida en que los fueguinos se integran a los espacios transitados y estudiados por los viajeros con el mismo estatus que los accidentes geográficos y la fauna y la flora.
El libro incursiona mucho más allá de lo grave, que fue lo ocurrido con los indígenas nombrados como Jemmy Button, Fuegia Basquet,  York Minster y Boat Memory (llevados a Inglaterra por Fitz Roy en el primer viaje)  y devueltos a Tierra del Fuego en el segundo, después de un período de inmersión en Inglaterra “civilizada” durante el cual fueron instruidos en  valores cristianos, el idioma inglés y las costumbres occidentales y donde el objetivo del experimento era formar intérpretes e intermediarios útiles para las futuras expediciones que tocasen el canal de Beagle pero implicaba mucho más.
Paisaje con figuras es un libro entretenido e ilustrativo de cómo se fue construyendo la visión sobre Tierra del Fuego con el punto de vista de los expedicionarios, necesario para comprender el presente.
Marta Penhos es doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires. Se ha dedicado a la docencia en cursos de grado y posgrado, tanto en la Argentina como en el exterior: es profesora titular de Historia de las Artes Plásticas IV (Barroco) y adjunta de Historia del Arte Americano I (Colonial) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y profesora titular de Historia del Arte y la Cultura Visual I en la Licenciatura en Restauración y Conservación de Bienes Culturales de la UNSAM. 



viernes, 22 de febrero de 2019

La cárcel de Ushuaia - Roberto Gárriz



La cárcel de Ushuaia
Roberto Gárriz
Ediciones UNTDF
Colección De eso no se habla
Abril de 2017

(Buenos Aires)

Este libro titulado La cárcel de Ushuaia, de Roberto Gárriz, autor a quien no conozco
ni había leído nunca, llegó a mis manos en la ciudad de Ushuaia, en el último
viaje que hice, en enero de este año.
Buscaba algunos libros sobre temas de Ushuaia, ciudad que me fascina por muchas
razones y el título llamó mi atención, sin embargo nada tiene que ver con el famoso
presidio de esta ciudad convertido desde hace muchos años en un  museo, sino que
es una metáfora.
 La cárcel de Ushuaia está editado por la Universidad Nacional de Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur, en la colección De eso no se habla. En el sitio
web de esa universidad dice acerca de esta colección: "...entendiendo que el lector
desempeña un rol activo en las múltiples significaciones de un texto, una colección que
propone hablar sobre aquello de lo que “no se habla” constituye, sin dudas, una afrenta,
 una provocación: la necesidad de construir espacios de discusión que desglosen los
supuestos socioculturales que actúan como lastre en los procesos dinamizadores que
viven nuestras sociedades en este siglo XXI...".
Un narrador personaje en primera persona cuenta la historia de la relación
con su  mujer, Zulema, y el deseo de empezar  una nueva vida, en la ciudad de Ushuaia y dejar
atrás el maltrato que ella le inflinge con golpes de puño, patadas y arrojándole objetos.
Esta situación de violencia  se conoce a partir de la primera página del libro.
A partir de la convocatoria que Zulema recibe de la universidad para trabajar como docente,
deciden radicarse en la ciudad austral. Mientras duran los preparativos del viaje,
nace una hija de la pareja, Clarisa.
El narrador también es docente, en Física y consigue un trabajo como jurado de un concurso
de tesis de doctorado, tarea que puede hacer sin horarios.
A su llegada a  la ciudad, el protagonista conoce a Alma, el conductor de un auto,  que
en lo sucesivo le servirá para llevarlo adonde lo necesite, y se transformará muchas
veces en acompañante de diversos trámites. Alma es de origen chileno y tiene
familia y entre sus hijos, una hijastra adolescente  y atractiva  a la que llaman "la Johnny".
Mientras los días transcurren entre la rutina diaria de crianza de Clarisa, que el protagonista
realiza mientras Zulema concurre a la universidad a dar clases, y la falta de decisión
para encarar el trabajo de jurado del concurso, ocurre un episodio que inicia una
serie de equívocos.
Una noche, La Johnny,  es rescatada por Alma de una discusión con un joven en la
puerta de un lugar nocturno. El protagonista está presente durante la escena y esto
lo señala ante los ojos de los demás como un amigo de Alma.
El maltrato de Zulema hacia el protagonista  continúa y en uno de esos arranques
de furia, lo lastima en la cara arrojándole un objeto.
Esta situación se suma a la del episodio del lugar nocturno y conduce a un equívoco
que crece a lo largo de la novela.
A partir de una denuncia policial, se presenta en la casa del protagonista y de Zulema
un sargento llamado Elpidio Rivero que según afirma, le ha sido designado como custodia.
La presencia constante de Elpidio en la casa y su incorporación en las rutinas diarias,
de alguna manera modera la situación de violencia de la pareja, pero la violencia
latente existe en la relación y  se desata en varios tramos de la novela.
El libro tiene un final abierto ya que la universidad no le confirmó el cargo a Zulema.
Los días fueron pasando entre la instalación en la casa que les designaron, la búsqueda
de libros extraviados que el protagonista traía de Buenos Aires,  la crianza de Clarisa,
la rutina compartida con el sargento Elpidio Rivero, y el encuentro con los lugares típicos
a recorrer en  la ciudad como el Museo del Fin del Mundo y con los habitantes del lugar.
Si bien la historia aborda como  tema principal el de la violencia en una relación de pareja,
esta vez inflingida por la mujer hacia el hombre, hay alusiones constantes a las historias
que todo viajero interesado en  la ciudad de Ushuaia llega a conocer: los
aventureros que llegaron para cazar y buscar oro, los yámanas, antiguos habitantes originarios,
el presidio transformado en museo que alberga historias de presos famosos, los personajes
notables que escriben historias y que parecen saberlo todo acerca del lugar.
El título del libro es una metáfora de la cárcel que encierra a estos personajes, el protagonista
y su mujer, Zulema, en una relación malsana y violenta y de la que no han podido
salir ni siquiera con un cambio tan significativo como es instalarse en el fin del mundo.
Lo rescatable es la crianza de Clarisa, que el padre aborda con mucha naturalidad y el amor
que éste le prodiga.

Roberto Gárriz ( Buenos Aires en 1965) es autor de las novelas Echándonos de menos (2005); Las tetas de Perón, una novela peronista hasta las manos (2012); All inclusive (2015); del juego de mesa La carrera política (2015) y el Manual de autoayuda para ballenas (2015). En el ámbito de la literatura infantil, es autor del cuento El cumpleaños (2011) y de la novela El caso de las liebres muertas (2012). Ha publicado cuentos en distintas revistas y antologías. Es fundador e integra el Consejo Directivo de la revista Odradek. Ha colaborado en la traducción de la historieta Asterix (2015) y es cotraductor de Lucky Luke (2016).



sábado, 26 de enero de 2019

También esto pasará - Milena Busquets



También esto pasará
Milena Busquets
Editorial Anagrama

(Buenos Aires)

La segunda novela de Milena Busquets aborda el tema del duelo por la muerte de
la madre de la protagonista, Blanca, una mujer de cuarenta años.
La narración empieza en el funeral de la madre. A partir de esa escena el narrador
personaje, Blanca, hace un recorrido por los recuerdos y simultáneamente relata
unas vacaciones en Cadaqués en el presente, donde transcurrieron muchos momentos
de su vida con la madre.
La vida de Blanca, con hijos, ex maridos, y un amante, está también poblada de
amigos que la acompañan durante esos días que pasarán en la casa, que la protagonista
describe "la casa es de mi madre y siempre lo será".
En una crónica sobre la muerte de su madre, Simone de Beauvoir escribe sobre la
aceptación de las diversas formas de rendir homenaje:
"Es inútil de integrar la vida con la muerte y comportarse racionalmente en presencia
de algo que no es racional: cada uno debe manejarse como pueda ante el tumulto de
sus sentimientos. Entiendo todos los últimos deseos y también la total ausencia de ellos:
el abrazar los huesos o el abandono del cuerpo de la persona amada en la fosa común.
Si mi hermana hubiera querido vestir a Mamá o quedarse con su anillo de bodas, no
me cabe la menor duda de que yo habría aceptado sus reacciones de tan buen talante
como las propias".
Es así como Blanca en pleno duelo, hace su vida acompañada por otros personajes
con distintas problemáticas.
En conjunto es un grupo liberal y algo decadente y Blanca intenta recuperar un
poco de vida "hedonística" para disminuir  el dolor y la pérdida.
La memoria de Blanca repasa  momentos terribles ya transitados debidos a la
enfermedad y agonía de la madre y se defiende.
Cuando ella era niña su madre le contó, para ayudarla a superar la muerte de su padre,
un cuento chino. El cuento era sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios
y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de
deliberaciones, los sabios se presentaron frente al emperador con una propuesta: "También
esto pasará". Y la madre añadió: "El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la
felicidad".
El pueblo, de la infancia y la juventud  donde transcurren los días de vacaciones de Blanca
y el grupo que la acompaña, ha vuelto como una postal de esos años, que la protagonista intenta recuperar.
El duelo es una historia que uno se cuenta a sí mismo, es la historia de la vida de alguien
a quien amó y es la historia de su vida con la persona y también la historia de su vida sin ella.
La novela finaliza con una despedida de Blanca con reconocimiento hacia su  madre, aunque
lo sabe insuficiente y dice, "algún día hablaremos mucho de ti". Este final parece ser el conocimiento que el personaje tiene acerca del duelo que vive, los sentimientos detonados seguirán haciendo su aportación.

Milena Busquets Tusquets (Barcelona, 1972) estudió en el Liceo Francés y se licenció en
arqueología en el University College de Londres.
Trabajó durante muchos años en el mundo editorial. Vive en Barcelona con sus dos hijos.
El manuscrito de esta novela despertó una extraordinaria expectación en Frankfurt y se
han firmado contratos de traducción en más de veinte países, en sellos literarios tan
reconocidos como Gallimard (Francia), Suhrkamp (Alemania), Harvill Secker (Reino
Unido), Rizzoli (Italia), Companhía das Letras (Brasil) y Hograrth Press (Estados Unidos).

bibliografía:
Ron Marasco - Brian Shuff
Sobre el duelo
Editorial Océano




sábado, 15 de diciembre de 2018

Flores incoloras, transparentes - Carlos Eduardo Nuñez



Flores incoloras, transparentes
Carlos Eduardo Nuñez
Editorial Rosario

(Buenos Aires)

Carlos Eduardo Nuñez reunió en este libro sus escritos acerca de diversos temas.
Sus actividades e intereses son muy variados ya que Nuñez se interesó siempre
por las ciencias y las artes. El autor, a quien no conozco, me envió este libro por
correo.
Sus textos discurren entre los temas más disímiles, ya sea la soledad de las personas
en "La soledad tiene nombre de mujer"; el suelo, lo que subyace debajo de la ciudad,
lo transitorio y que puede cambiar de un momento a otro en "Acerca de lo que hay
debajo de la ciudad"; el plástico como materia de muchísimos objetos en "Materias";
o los espartillos en "País de penachos evanescentes", entre otros muchos temas.
Escritos entre 2011 y 2010 estos textos reunidos en el libro no tienen una visión
de conjunto pero sí personal.
El autor se acerca a un tema y reflexiona, ofrece su punto de vista.
Además de estudiar como Técnico Químico en el Instituto Politécnico de Rosario,
Carlos Eduardo Nuñez se desempeñó como docente investigador en la Facultad
de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones.
Estudió artes visuales y composición musical, astronomía, geología, prehistoria
y etnología e ingeniería química. También cursó la Licenciatura en Historia en la
Universidad de Misiones y pinta desde 1996. Realizó once muestras personales en
museos de Misiones y alrededor de ciento ochenta obras, la mayoría de las cuales
fueron adquiridas. Es cofundador de la Asociación Jardín Botánico de Posadas.
El autor dice en el prólogo, refiriéndose a este libro: "...Por otro lado he decidido
que no es un objeto comercial por lo que será entregado, y con mucho gusto a quien
lo solicite hasta que se agote la edición, si es esto alguna vez llegara a suceder".
El correo electrónico es cenunez@arnet.com.ar
Carlos Eduardo Nuñez nació en la ciudad de La Plata. Vivió en Rosario y actualmente
vive en la ciudad de Posadas.

sábado, 1 de diciembre de 2018

La novela del exilio por Javier Claure C.

Carlos Decker Molina presentando su novela  ”Tomasa” en el Instituto Cervantes de Estocolmo.
De izquierda a derecha: Erik Oller Westerberg, Håkan Forsberg y Carlos Decker Molina.


(Estocolmo) Javier Claure C.

Carlos Decker Molina, periodista y escritor boliviano residente en Estocolmo (Suecia) desde hace mucho tiempo, es el autor de la novela Tomasa que obtuvo, en el año 2014, el tercer puesto en el Premio Internacional de Literatura organizado por la Editorial Quipus de Cochabamba (Bolivia). Se trata de una obra literaria de profundo contenido social en donde, Decker Molina, se asoma al mundo literario tomando en cuenta como puntos de referencia Bolivia y Suecia. Así revela en su escritura, en este caso particular, la dolorosa caminata del exilio. Tomasa rompe con las estructuras de novelas a las cuales estamos acostumbrados a leer. Se utilizan palabras en sueco, en italiano, en quechua y “bolivianismos”. Además, al final de cada capítulo hay información adicional como por ejemplo: certificados médicos, cartas, poemas, garabatos, diálogos, informes, certificados de asistentes sociales, monólogos, apuntes, preguntas, dibujos terapéuticos y certificados de la policía. También hay un glosario en donde se explica el significado de cada palabra que no está escrita en español.
Tres personajes principales van rodando en la novela, y a medida que uno se adentra en la lectura forman un triángulo de conversación que crea tensión. Y, como consecuencia, mantiene al lector pegado a las páginas. Gualberto Paniagua Mamani es la metáfora del sufrimiento. Ingmar, periodista sueco, es la metáfora de la solidaridad sueca en los años 70. Pia, ex mujer de Ingmar y de Gualberto, es la metáfora de la libertad. Y en la lejanía Tomasa, la madre de Gualberto, es la metáfora de Bolivia. El exilio tiene muchas caras, independientemente cual haya sido el motivo. Para las personas que fueron torturadas, perseguidas y encarceladas, el exilio significa alivio y libertad. Pero también puede denotar tristeza, soledad, discriminación, desarraigo y, a veces, distorsiones psíquicas. El exiliado es una persona que ha sentido en carne propia el estado interrumpido del ser, dejando atrás todo lo que tenía en su país. En resumidas cuentas, el exiliado se ve forzado a construir una identidad en el país acogedor partiendo de las profundas heridas que surgieron en su país de origen.
Gualberto Paniagua, es un boliviano de procedencia campesina que hilvanó su historia entre dos continentes. Su padre, un “sindicatero” desaforado, lo había raptado a corta edad del regazo de su madre Tomasa, quien sufría lo indecible por esta separación. En su país natal sufrió la tortura y la persecución por su militancia en un partido de izquierda. Con el paso del tiempo logra escapar a la Argentina. Y desde allí escribe cartas a su madre:
“Mamita Tomasa: Estoy en Tucumán y me he vuelto guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo. Mis compañeros son muy buenos y me han dicho que ser guerrillero es subir en la escalera de la vida del hombre para ser un hombre nuevo. Cuando triunfe la Revolución que estamos armando para dar libertad a gente como vos iré a recogerte. Patria o muerte, mamitay; tu hijo Gualberto”.
Otra carta dice: “Mamitay, mi papá ha muerto, pero no llores por él, por su culpa estamos sufriendo todos. Los compañeros y un yatiri (brujo curandero indígena) que me lo ha mirado en coca me han dicho que no vuelva a Bolivia porque la situación sigue jodida. Gracias a un “llajtamasi” (compatriota), aquí he conseguido trabajo en la zafra. Seguiré juntando dinerito para ir a buscarte. A veces no puedo dormir nada, ni una horita siquiera. Tu hijo Gualberto”. Al parecer, la situación de Gualberto no era placentera en Argentina. Las peripecias se sumaban unas tras otras. Había visto morir a su padre alcoholizado, trabajaba muchas horas en la zafra y soñaba con su madre todas las noches. En medio de todo ese agobio, el destino juega a su favor y logra salir a Europa. Desde allí escribe otra misiva: “Mamitay: Anoche he llegado a un lugar frío que se llama Alvesta; está en un país que se llama Suecia. Perdona pues mamita, el flaco, el turco, el Walter y yo hemos fracasado. Creo que ya no haré más revoluciones. Me han apaleado y sabes estuve cerca de ti en Oruro pero me mandaron de vuelta a Argentina. A veces, querida mamita, me entra un sonk’oynanan (tristeza) terrible; quiero llorar no más, no duermo y me quedo mirando la oscuridad. Tu hijo G”.
En Suecia obtiene el asilo político y, al igual que todo ciudadano, recibe un número personal: 530802 – 9159. Las primeras seis cifras hacen referencia a la fecha de nacimiento. Es decir el año, el mes y el día. El penúltimo dígito indica el género. Dígitos pares son destinados para las mujeres y los impares para los hombres. Y, en consecuencia, existe un único Gualberto Paniagua Mamani. De esta manera Gualberto va entrando, poco a poco, a la rosca de la vida cotidiana sueca. Y su número personal es registrado en los bancos de datos de las autoridades.
A medida que pasa el tiempo conoce a una pareja sueca, Ingmar y Pia, padres de dos hijos. Un día, lo invitan a casa para festejar “Midsommar” (pleno verano), la fiesta más emblemática de Suecia. La conversación fluye entre comida, trago y canciones. Ingmar se excede con el alcohol y se queda dormido en un sillón. Mientras Pia y Gualberto aprovechan la situación para dar rienda suelta a sus sentimientos desenfrenados, lo cual con el transcurso del tiempo cobra un desenlace fatal. Pia abandona a Ingmar y a sus dos hijos para irse a vivir con Gualberto, el indian (indio), ex militante en las filas de izquierda.
Gualberto estudia con esmero el sueco y el inglés, requisitos que le permiten entrar a la universidad, donde se forma como ingeniero cibernético. Este logro afianza su nueva identidad, obtiene un trabajo y un estatus social relativamente bueno. Pero la relación con su pareja no marcha bien y se separa de Pia. Gualberto se compra un ático en pleno centro de Estocolmo, en un barrio bohemio, y deja atrás sus conceptos revolucionarios. Se olvida de la lucha por el pueblo, del proletariado y se vuelve un pequeño burgués. Es un hombre de moda, utiliza zapatos de excelente calidad, tiene costumbres caras, acude a restaurantes y cafeterías de moda. Este cambio radical es un fenómeno curioso y real que se ha dado en mucha gente que ha llegado a Suecia con las ideas revolucionarias escritas en el pecho. A un principio hablaban de política y eran poco menos que la Revolución proletaria andando. Sin embargo, con los años, las cosas materiales y las condiciones de vida que ofrece Suecia; se han sumergido en un mundo de consumo. Y, por consiguiente, han olvidado totalmente esas ideas y principios por los que luchaban en su país de origen.
En el caso de Gualberto, todos esos cambios, que aparentemente se ven como un signo de prosperidad, no consiguen calmar su ansiedad. Sufre de trastornos psíquicos y tiene una profunda crisis de identidad. Él mismo afirma: “Estoy jodido. Me acosan tanto los fantasmas de aquí como los de allá. ¿Quién carajo soy? Padezco de orfandad, es decir soy huérfano de madre, padre y de patria. ¿No sé quién soy?”. En un monólogo hace referencia a su madre: “Mi madre debió haber sido una santa. ¿Qué será de ella?  Anoche la volví a ver, últimamente la veo con frecuencia. Su rostro se estrella en mi cara, recordándome que la tengo sin tenerla. Mi madre es un sufrimiento antiguo. A cada instante me pregunto qué podría haber pasado si me quedaba con ella”. 
Pia, su ex pareja, lo describe como un hombre sin historia familiar, con espíritu triste y acongojado por terribles pesadillas. Un hombre que estudió con la tozudez de un loco, olvidándose de Pia y de él mismo. Probablemente así canalizó su angustia cuando estudiaba en la universidad. Es más, una ecuación diferencial, en una página de la novela, revela el trastorno bipolar de Gualberto Paniagua. Gualberto dice al respecto: “mi mal es una ecuación no resuelta, pertenece a la teoría de la relatividad”. Y se lee, entre otras cosas: “La geometría de mi ser es igual que la del espacio-tiempo no euclidiano, es decir no es plana”. De esta afirmación se pudiera especular, tomando en cuentas los logros y fracasos de Gualberto, que se desarrolló en una geometría elíptica de curvatura positiva y en una geometría hiperbólica de curvatura negativa. O sea, existe un espacio tridimensional en el que se ha desplazado, y un tiempo en el cual ha hecho historia. Y el espacio en el que se mueve Gualberto, en la novela, se llama Suecia: infierno y paraíso. Paraíso porque, a pesar del empeoramiento del modelo sueco, Suecia sigue siendo un Estado de bienestar social con una economía estable y mixta entre el capitalismo y el socialismo. Esta realidad, ha permitido que se lleven a cabo conquistas sociales de gran envergadura. Y gracias a ello es catalogado, a nivel mundial, como uno de los países con altos niveles en el campo social.
Los jubilados, los niños y las personas con discapacidad física o mental gozan de equidad. Una persona sin una pierna o sin brazos tiene derecho a participar en la sociedad. Es decir, no le quitan la calidad humana. Existe ayudas económicas para las madres solteras, subsidios económicos mensuales para menores de 18 años, derecho a 5 semanas de vacaciones, derecho a 480 días pagados (a las personas que trabajan) por concepto de permiso parental, atención médica gratuita para menores de 18 años, enseñanza gratuita tanto en el colegio como en la universidad, pago relativamente bajo, para adultos, por operaciones o consultas médicas, cesantía baja; seis por ciento este año y también pronosticado para el próximo año (según la Revista de Economía, Ekonomifakta), departamentos acogedores con agua fría, caliente y calefacción que viene desde una central, excelentes bibliotecas y un buen medio de transporte. Pero ojo! que no se malentienda como que los ciudadanos reciben todo gratuitamente del cielo. En Suecia, como en todas partes del mundo, las personas que quieren vivir holgadamente y con lujos tienen que trabajar duro, para obtener un título universitario hay que estudiar fuerte. Los trabajadores pagan un impuesto alto, precisamente para mantener el bienestar en la sociedad. Los hombres cocinan, atienden a sus hijos, les cambian pañales, hacen la limpieza, lavan los platos, hacen mercado, riegan las plantas etc.
Los suecos no son muy amigables que digamos y muchos de ellos viven felices en su soledad. La mayoría de los vecinos ni siquiera saludan, a no ser que sea un extranjero. No importa si una persona es profesional o no, si vive en un departamento o en una casa. Y como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”. Infierno porque en Suecia existe racismo, soledad, depresión, suicidios, desarraigo, segregación etc. De acuerdo al Centro Nacional, para la Investigación y Prevención del Suicidio, del Instituto Karolinska que pertenece al Hospital Universitario Karolinska, 1544 personas se quitaron la vida durante el año 2017. De las cuales, 1063 eran hombres y 481 mujeres.
El médico sociólogo estadounidense de ascendencia judía, Aaron Antonovsky (1923-1994), creó la teoría salutogénica. Una teoría sujetada por tres pilares: la compresibilidad, la manejabilidad y la significatividad. Estos tres conceptos juegan un papel muy importante para que exista una convergencia hacia, lo que Antonovsky llamó, “el sentido de coherencia (SOC)”. A grandes rasgos, la teoría salutogénica describe la capacidad que tiene un individuo para comprender el significado del mundo que lo rodea. Es decir, el ser humano debe darse cuenta de la relación que existe entre sus actos y los efectos que éstos tienen en su entorno. Debe igualmente tener la suficiente inteligencia para asimilar y rectificar experiencias y sucesos. Debe poseer sentimientos de carácter cognitivos emocionales para llegar a la conclusión, de que a pesar de muchos problemas que depara la vida, vale la pena vivirla. Además, según esta teoría, todo ser humano tiene la capacidad o sentimiento para enfrentar los desafíos y adversidades de la vida. También hace referencia a la aptitud y la tolerancia para comprender a otras personas y a otras culturas. A juzgar por Antonovsky, una  persona con esas cualidades alcanza el sentido de coherencia en la vida.
Volviendo al caso de Gualberto; sin duda alguna lleva una fisura en su fuero interno por la separación de su madre a corta edad. Fue raptado por su padre para ser trasladado de un lugar a otro. En otras palabras, la adaptación psicológica de Gualberto, a un nuevo entorno, ocasionó una serie de cambios que le afectaron de forma negativa emocionalmente. Quizá por eso extraña mucho a su madre, en su adultez, y la ve en sus sueños. Asimismo tuvo un padre alcohólico y fue torturado en su país. Por su pasado, y a pesar de ser profesional en el país acogedor, Gualberto no tiene capacidad para enfrentar las desventajas de la vida, no tiene sentimientos cognitivos cabales, no puede ver su entorno con objetividad, no quiere ver las consecuencias de sus actos de locura, los recursos a su alcance no le son manejables, los estímulos internos y externos no le proporcionan felicidad en la vida. O sea, Gualberto no tiene “el sentido de coherencia en la vida”. No puede resolver la incógnita de su dolencia y, como efecto, cae en depresiones, tiene un sinfín de preguntas, se deja llevar por los pensamientos negativos afincados en su mente y se encierra en su ático aislado de todo el mundo. Pia dice al respecto: ”Lo que me molesta profundamente es que sus colegas discuten y debaten con él sobre temas cibernéticos pero ninguno de ellos ha ido a visitarlo en su ático de Sibirien y tampoco lo invitan nunca. Departe amigablemente en todas las fiestas de fin de año con el personal de las empresas en las que trabajó, pero al día siguiente vuelve a ser el 530802-9159; es decir, retorna a la categoría profesional del colega y no del amigo”.
Dicho de otra manera, Gualberto carece de un entorno social que pueda ayudarlo de algún modo. No tiene amigos y se emborracha con la soledad mirando las paredes de su ático. Sus colegas son fríos y calculadores. No les gusta el alboroto y no quieren, para nada, inmiscuirse en los problemas de Gualberto. Jamás lo visitan, tampoco lo invitan a su casa, ni tienen una pizca de compasión por él. Pues en Suecia no existe la pasión latina o del Mediterráneo. Hay personas que han vivido muchísimo tiempo en este suelo nórdico, y nunca han sido invitadas a un cumpleaños, a una boda o a un bautizo de una familia sueca. Es cierto, uno comparte las fiestas del trabajo, pero al día siguiente uno vuelve caer en el casillero de colega. Al fin y al cabo Suecia, es para los suecos.

(c) Javier Claure C.
Estocolmo

Javier Claure C. es un escritor de origen boliviano, vive en Suecia desde hace décadas

texto y fotografías: (c) Javier Claure C.

Carlos Decker Molina presentando su novela  ”Tomasa” en el Instituto Cervantes de Estocolmo.
De izquierda a derecha: Erik Oller Westerberg, Håkan Forsberg y Carlos Decker Molina.