jueves, 3 de octubre de 2013

Las nuevas soledades - Marie France Hirigoyen



Las nuevas soledades
Marie-France Hirigoyen
Paidós

(Buenos Aires)

La psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia Marie-France Hirigoyen , especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico, publicó este nuevo libro donde expone acerca del reto de las relaciones personales en el mundo de hoy.
"No cabe duda de que el incremento de la soledad constituye un fenómeno social que se desarrolla en todos los países ricos del planeta, especialmente en las grandes ciudades" dice Hirigoyen. "...Pero si la soledad forma parte de la historia de la humanidad, con el paso del tiempo ha experimentado una profunda transformación. Por exceso o por defecto, la relación con el otro se ha convertido en el tema de preocupación fundamental de nuestra época. A la vez que vivimos en una era de comunicación y las relaciones entre los individuos son permanentes, e incluso invasivas, numerosas personas tienen un sentimiento doloroso de soledad. Y simultáneamente otras, cada vez más numerosas, optan por vivir solas.
Nos encontramos ante una paradoja: un mismo término remite al mismo tiempo al sufrimiento  y a una aspiración de paz y libertad. Por un lado, se  nos dice que la soledad es uno de los males de nuestro siglo y que hay que crear a cualquier precio vínculos y comunicación; y por otro, se nos predica la autonomía. No obstante, a pesar del individualismo de nuestros contemporáneos, la soledad sigue arrastrando una imagen negativa, que ignora la importancia de la interioridad. La mayoría de las veces, se considera que permanecer solo es una especie de consecuencia de un fracaso relacional, o, si produce la apariencia de una elección, se percibe como un camino garantizado al ascetismo y la desdicha...".
El libro se desarrolla en tres partes, en la primera, muestra cómo mujeres y hombres se "hacen cargo"de sí mismos afectiva y socialmente con esta mutación, las primeras con mayor facilidad que los segundos, a menudo confrontados con su(s) compañera/o(s), más emancipada/o(s) que ayer. En la segunda parte, aborda los efectos de las contradicciones producidas por el auge del invidualismo, la intensificación del trabajo y las ilusiones nacidas de la expansión de nuevas técnicas de comunicación y de lo virtual, que siguen conviviendo con el imaginario patriarcal de ayer. El fenomenal atractivo de las páginas de Internet y las decepciones que la mayoría de las veces procuran son una de sus manifestaciones.
En la tercera parte, se abordan las nuevas prácticas de relaciones íntimas entre las personas. Algunas son radicales, como la elección de una vida sin sexo, pero todas trazan el camino de un nuevo modo de ser, en el que la ausencia de compromiso, la capacidad de estar solo y la soledad escogida pueden convivir serenamente con los períodos de "vida en pareja".
"Una relación íntima no es la única fuente de felicidad. La soledad es una apertura que permite desprenderse del mundo para ir hacia otros posibles, ya sea la creación, un itinerario religioso o sencillamente el amor. Permite concentrarse por completo en el interior de uno mismo. Aislarse, retirarse constituye una especie de purificación, de regeneración. Se ve así como se consolida cada vez más una búsqueda de equilibrio personal que incluye salud física y psíquica, vivida esta última como un arte de vivir y una búsqueda de sabiduría y serenidad. De ahí la necesidad acrecentada de espacios de silencio, de lugares de meditación. Por eso, desde hace algunos años, los retiros en los monasterios, no importa de qué religiones, se han vuelto corrientes.
El hombre es un ser social que, ciertamente, tiene necesidad de interacciones con sus semejantes, pero asimismo intereses personales. Y bastantes individuos altamente creativos que no viven relaciones interpersonales íntimas llevan sin embargo vidas muy felices porque tienen la pasión de su oficio y una meta importante en la vida. No son en absoluto asociales, y mantienen con los demás relaciones calurosas. No es por casualidad que la literatura, el cine y el cómic han puesto en escena a menudo a héroes solitarios que, por su independencia, podían ayudar a las personas en apuros y "salvar a la humanidad".
De un modo general, los creadores necesitan la soledad, porque van a buscar al interior de sí mismos la materia para su obra. La mayoría de los filósofos, pensadores, escritores o místicos han buscado su inspiración en una vida de soledad. Para escribir su Discurso del método, Descartes experimentó la necesidad de encerrarse con una "estufa" y Montaigne no abandonaba su famosa "librería" más que en raras ocasiones. Otros se encierran en el silencio de los monasterios allí donde se retiraron aquellos que Michaux decía que practicaban la "ciencia del retiro encantado". Durante el discurso que pronunció el Nobel de Literatura de 2006, el escritor turco Orhan Pamuk insistió, en lo que a él se refería, en la necesidad que tenía un escritor de "encontrarse en una habitación para tratar con la multitud de sus sueños".
Individuos más modestos eligen también retirarse del mundo. Ya sean alfareros, exploradores, navegantes solitarios, monjes o monjas, eligieron una actividad que les permite dar valor a su gusto por la naturaleza y la soledad. Así, un francés, David Grangette, pasa solo seis meses al año en una isla del archipiélago de las Kerguelen para ocuparse de su rebaño de corderos. Como muchos solitarios, dice que en la infancia era tímido y le encantaba estar solo. Ya adulto,  supo encontrar una actividad que le permitía saciar su gusto por la soledad. La elección de la soledad, antes excepcional, circunscrita a los registros de lo religioso o del heroísmo, se ha convertido en una potencialidad abierta a todo el mundo, como un lujoso regalo que uno puede hacerse.
Sin embargo, todavía en la actualidad, la soledad sigue siendo sospechosa y da miedo. Debe permanecer en una situación atípica y excepcional. Se la acepta en algunas figuras fuertes y temperamentos excepcionales, originales, locos, de acuerdo con una tradición antigua. Así, en los monasterios, demasiada soledad se asimilaba por ejemplo en el pasado al pecado (un monje debía estar solo para rezar, pero su soledad debía estar dosificada, de lo contrario corría el riesgo de caer en la acedía, especie de depresión de orden espiritual que se traducía en abatimiento y sustraía a quien la padecía su interés por los actos religiosos).
Efectivamente, la soledad es audaz, e incluso peligrosa. A veces actúa como una droga que produce dependencia. Recordemos al navegante Bernard Moitessier: en 1968, al terminar en cabeza de la primera competición alrededor del mundo en solitario y sin escalas, inició una nueva vuelta al mundo: "Yo sigo sin escalas hacia las islas del Pacífico, porque me siento feliz en el mar, y quizá también para salvar mi alma".
La elección de la vida en solitario sigue siendo pues discutida por muchos, incluidos algunos psicoanalistas, como Alain Valtier:"Si uno se instala solo es por defecto, porque no se logra constituir una célula con otra persona, (...) Vivir solo nunca es un proyecto". De alguna manera, tendríamos, según él, a los bien provistos, los que han conseguido formar una pareja, y a los otros, que habrían fracasado en el intento...".
"...La capacidad para estar solo, ya que nos vuelve disponibles al otro, nos aproxima al amor, no en el sentido del flechazo pasajero, sino de una comunión con el otro. Mientras que muchos se imaginan que el amor pondrá fin a su soledad, es al contrario la capacidad de estar solo la que permite estar disponibles para el amor. Cuando se deja de creer que el otro vendrá a remediar nuestra carencia, cuando ya no se espera que venga a poner fin a nuestras angustias, entonces pueden establecerse nuevos vínculos...".
Un libro necesario para entender las relaciones que se establecen entre las personas en la época actual, y cómo la autora hace especialmente hincapié en las nuevas formas de sociabilidad, distintos modos de relación más íntimos, de solidaridad, de amistad: relaciones desinteresadas, sólo por el placer de estar juntos.

Marie-France Hirigoyen es una médico psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico.
Se especializó en el estudio de todas las formas de violencia: familiar, perversa y sexual. Inicia en 1985 seminarios y conferencias sobre gestión del stress. Se forma paralelamente en Victimología, (estudia en Estados Unidos, en la especialidad de Victimología, una rama de la Criminología que analiza las secuelas psíquicas en las personas que han sufrido atentados o agresiones diversas)
El best seller El acoso moral, traducido a 24 idiomas, centraba su investigación en la violencia psicológica.


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