sábado, 18 de julio de 2020

Arte en flujo-Borys Groys


Arte en flujo
Ensayos sobre la evanescencia del presente
Borys Groys
Traducción Paola Cortes Rocca
Caja Negra editora
Buenos Aires, 2016

(Buenos Aires)
“El arte contemporáneo escapa del presente no resistiéndose a la corriente del tiempo,
sino colaborando con ella”, afirma Borys Groys. “Si todas las cosas del presente son
transitorias y fluidas es posible, e incluso necesario, anticipar su eventual desaparición.
El arte moderno y contemporáneo practica justamente la prefiguración e imitación del
futuro en el que las cosas que ahora son contemporáneas desaparecerán. Esta imitación
del futuro no puede producir obras; produce, en cambio, eventos artísticos, perfomances,
exhibiciones temporarias que demuestran el carácter transitorio del orden presente de
las cosas y de las reglas que gobiernan la conducta social contemporánea. La imitación
anticipada del futuro puede manifestarse solo como un acontecimiento y no como una cosa.
Los artistas del futurismo y del dadaísmo producían hechos artísticos que revelaban la decadencia
 y la obsolescencia del presente. Pero la producción de acontecimientos estéticos es incluso más
característica del arte contemporáneo – y su cultura de la perfomance y la participación. Los
acontecimientos artísticos actuales no pueden ser preservados y contemplados como obras de
arte tradicional. Sí pueden, sin embargo, ser documentados, narrados y comentados. El arte
tradicional produce objetos de arte; el arte contemporáneo produce información sobre
acontecimientos de arte”.
Esto hace al arte contemporáneo compatible con Internet y el libro aborda en un capítulo la
relación entre arte e internet.
Groys examina en estos ensayos con sutileza la intensificación de estos procesos en el contexto
de la migración masiva de las prácticas y las instituciones culturales a Internet, donde el impulso
inicial de las vanguardias históricas pareciera encontrar su culminación.
Arte en Internet
“…La cuestión que antes preocupaba a los artistas y escritores era ¿cuáles son los criterios de selección?
¿Por qué ciertas obras van al museo y otras no? ¿Por qué algunos texto se publican y otros no?
Conocemos las teorías católicas (para llamarlas de algún modo) por las cuales una obra de arte
merece o no ser elegida por el museo o la editorial: una obra debe ser buena, bella, inspiradora,
original, creativa, poderosa, expresiva, históricamente relevante – y cien criterios similares que
podríamos citar. Sin embargo, esas teorías colapsaron porque nadie pudo explicar de manera
consistente por qué una obra particular es más bella, original, etc. que las demás. O por qué
un texto particular está mejor escrito que otro. Las teorías más exitosas eran más protestantes,
incluso calvinistas. Según ellas, las obras se eligen porque se eligen. El concepto de poder divino
que es perfectamente soberano y no necesita legitimación se había transferido al museo y a otras
instituciones culturales tradicionales. Esta teoría protestante de la elección, que subraya el poder,
incondicionado del que elige, es una precondición para la crítica institucional –y el museo y otras
instituciones fueron criticadas, de hecho por el modo en que usaron y abusaron de su supuesto
poder.
El surgimiento de Internet eliminó esta diferencia entre producción y exhibición del arte. En la
medida en que involucra el uso de Internet, el proceso de producción artística está expuesto
de principio a fin. En épocas anteriores, solo los trabajadores industriales actuaban bajo la
mirada de otros – bajo ese control constante que Michel Foucault describe de manera tan
elocuente. Los artistas o los escritores trabajaban retirados, más allá del panóptico y del
control público. Sin embargo, en tanto los así llamados trabajadores creativos  usen Internet,
estarán sujetos al mismo grado de vigilancia, o incluso más, que los trabajadores foucaultianos.
Los resultados de la vigilancia son vendidos por las corporaciones que controlan Internet
Debido a que son las propietarias de sus medios de producción y de sus bases técnicas y
materiales. Aquí nos encontramos frente a  un fenómeno interesante: la mercantilización de la hermenéutica.
Según el filósofo, crítico de arte y teórico de los medios Borys Groys  el arte y sus instituciones,
al comienzo del siglo XX fueron sometidos a la crítica de un nuevo espíritu democrático e
igualitario. El suprematismo de Malévich, el futurismo de Marinetti y el trabajo de los artistas
de la Bauhaus desacreditaron tanto la noción de la obra de arte como objeto sagrado, como la
función preservativa de los museos y las promesas de eternidad materialista que estos auguraban.
Esto sentó las bases para el desarrollo de un “realismo directo”: un arte sin producto, que no
produce objetos sino prácticas destinadas a no sobrevivir, como las perfomances, las instalaciones
y el arte relacional. Con ello, se cumple uno de los objetivos más radicales de las vanguardias: el
arte abandona su distinción y sus privilegios, y se entrega a la corriente del tiempo, a la disolución
que pesa sobre el flujo de todas las fuerzas materiales.

Boris Groys (Berlín, 1947) es filósofo, crítico de arte y teórico de los medios, internacionalmente reconocido por sus investigaciones sobre el arte de vanguardia del siglo XX y los medios de comunicación contemporáneos. Estudió filosofía y matemáticas en la Universidad de Leningrado. Miembro activo de los círculos no oficiales de intelectuales y artistas de Moscú y Leningrado bajo el régimen soviético, emigró en 1981 a Alemania, donde se doctoró en filosofía en la Universidad de Münster. Desde entonces, desarrolló una intensa vida académica en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe, la Academia de Bellas Artes de Viena y las universidades de Filadelfia, Pensilvania y Nueva York, entre otras. A la par de su trabajo académico, Groys es un destacado curador de arte. Entre sus libros más importantes se destacan Sobre lo nuevo: ensayo de una economía cultural, Bajo sospecha: una fenomenología de los medios  y Obra de arte total Stalin





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