viernes, 25 de febrero de 2011

Breve historia del alma - Luca Vanzago



Breve historia del alma
Luca Vanzago
Fondo de Cultura Económica

(Buenos Aires)

El concepto de alma ha sido abordado desde diversas posiciones filosóficas, muchas de ellas opuestas. En Breve historia del alma, Luca Vanzago busca puntos de contacto entre dichas posiciones con el objeto de lograr una perspectiva que permita reconstruir el significado general de un término que posee múltiples sentidos. De este modo, sostiene: “No se buscará una definición axiomática o categórica del alma. Se apuntará más bien a una definición problemática y operativa: se intentará entender de qué formas la pregunta que el alma, o sea, el hombre, se hace sobre sí misma ha encontrado respuesta, pero sobre todo ha especulado y ha concretado concepciones generales para formular las propias respuestas. Debajo de la pluralidad de aspectos no hay una esencia inmutable, sino una pregunta siempre renovada y que no se agota jamás. Hablar del alma significa hablar de un problema que no encuentra su verdadera y auténtica respuesta y solución de una forma definitiva, sino, por el contrario, en la continua reapertura de la indagación, en la no agotada e inagotable sed de saber qué “es” el alma, como interrogante, duda o tormento que cada uno siente al preguntarse quién es y por qué “es”.
Vanzago aborda el tema y empieza por las antiguas concepciones del alma. Así, por ejemplo, indaga en el pensamiento de Heráclito, de Sócrates,  de Platón, de Aristóteles.
En Heráclito, la doctrina del alma ha sido reconocida por Martha Nussbaum, quien subraya que representa una crítica radical y profundamente creativa a las ideas tradicionales acerca de las facultades del hombre, su lenguaje y su condición mortal.
Según parece, señala Nussbaum, es la primera vez en la historia del pensamiento griego que se considera al hombre explícitamente dotado de un “sí mismo” central, una única facultad vital en cuyos términos se deben entender la percepción, el lenguaje, el comportamiento ético, y, en definitiva, también la muerte. Así como el cosmos, compuesto por una pluralidad de especies, es no obstante uno a través del logos del fuego que todo lo conecta, del mismo modo el hombre, si bien posee muchas facultades, es uno en virtud de la facultad central de conexión que representa la psykhé.
Sócrates tiene una estrategia, un método de interrogación acerca del conocimiento que se asemejaba al de Protágoras y tal vez también al de Gorgias. Como ellos, Sócrates cuestiona la forma en la cual se configura el conocimiento a partir de definiciones unívocas que, sin embargo, al no tener un fundamento racional, revelan bien pronto su propia unilateralidad.
La estrategia socrática introduce en esa problemática una concepción innovadora del alma, por no decir netamente revolucionaria, pues ni las prefiguraciones de Heráclito habían tenido semejante alcance. El alma es para Sócrates la sede de las facultades racionales humanas.
El bien, por lo tanto, no tiene un contenido determinado de una manera particular. El bien se hace cuando se usa la propia alma como una guía racional, sin limitarse a seguir el “se dice”, o sea, la opinión corriente, que si no se la investiga de una manera racional, hace correr al hombre el riesgo de verse condenado al error y en consecuencia, al mal.
El alma es por lo tanto, lo que el hombre “es” cuando se niega a dejarse guiar por las opiniones corrientes y mira más bien hacia “dentro de sí”, es decir, se concentra en la propia capacidad de distinguir, elegir y superar lo particular y las contradicciones.
En Platón la filosofía es cura del alma, en el sentido original de cuidado. Y al cuidarla se cuida también a la ciudad, es decir, a la comunidad, según la identidad platónica de lo político y de lo filosófico.
En Aristóteles, lo divino a su vez ya no es visto como puro e inactivo “objeto” ideal de la contemplación, sino como subjetividad siempre en acto, que coincide consigo misma en el estar en plena posesión de sí misma como Acto puro. “vida perennemente continua y eterna” en tanto coincidencia de la actividad intelectiva y de la vida en un sentido eminente. El alma humana no posee, por lo tanto, solamente sensibilidad y vida en el sentido biológico del término, sino que, al tener en sí misma un aspecto intelectivo similar a aquel, eminente, de Dios, puede ponerse a Dios como modelo y participar de su verdad, alcanzando así la realización de la naturaleza específica del hombre.
El libro está estructurado en ocho capítulos: Antiguas concepciones del alma, El viraje al cristianismo, La revolución científica y las modernas concepciones filosóficas del alma, Kant, el idealismo alemán y las filosofías antiidealistas, Positivismo y antipositivismo en el siglo XIX y principios del siglo XX, La fenomenología y el existencialismo, Filosofía analítica, ciencias cognitivas, neurofilosofía.

Luca Vanzago (Pavia, 1964).
Es profesor de Filosofía en la Universidad de Pavia. En 1994 obtuvo una especialización en filosofía contemporánea en el Istituto Suor Orsola Benincasa de Nápoles, en 1995 realizó una maestría en la Universidad Católica de Lovaina y en 2002 se doctoró en la misma universidad. Es miembro del European Centre for Process Philosophy, del Merleau-Ponty Circle y de la Societá Italiana di Studi su Maurice Merleau-Ponty. Colabora en las revistas aut aut y Chiasmi International y es redactor de la revista Oltrecorrente.
Sus investigaciones han estado centradas en el campo de la fenomenología, especialmente en Husserl y la fenomenología francesa contemporánea. Sus principales temas de investigación son la temporalidad del sujeto, la relación entre el yo y el otro, la fenomenología de lo propio y lo extraño, el concepto de fenomenología genética, el problema de la pasividad, el estatuto de una posible ontología fenomenológica, entre otros. 
Ha publicado numerosos artículos y ensayos en revistas especializadas y en volúmenes colectivos. Entre sus libros se cuentan: Modi del tempo (2001), L’evento del tempo (2005) y Conscienza e alterità (2008).
Fondo de Cultura Económica ha publicado Breve historia del alma (2011).

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